
JUAN TRÍMBOLI
jtrimboli@consint.cl
INTRODUCCIÓN.
El consumo de productos y servicios es una acción tan obvia en nuestras
sociedades que no es posible concebir un mundo sin ella. Desde el momento en
que el ámbito del consumo se separó del lugar de la producción, se empezaron a
crear las condiciones para formas de vida en las que el consumo es un elemento
central tanto desde un punto de vista económico como cultural. Esto se hace más
evidente en las últimas décadas mediante el desarrollo vertiginoso de lo que se
denomina mercado de masas y con la creciente diversidad y complejidad de los
nuevos productos y servicios.
Reconociendo los
límites de toda definición, más aún en una materia que todavía no constituye
una teoría que aborde los distintos planos, implicaciones y puntos de vista
existentes, entendemos al consumo no tanto como un acto, sino como un proceso
orientado a la apropiación individual de bienes y servicios, los que son producidos
socialmente, tanto en sus aspectos materiales como simbólicos, en orden a la
reproducción de la sociedad.
En este proceso se
evidencia si las personas tienen capacidad de elegir lo que consumen o, por el
contrario, no disponen de bienes entre los que elegir o capacidad de
producirlos. También se revela si cuentan con el poder adquisitivo necesario y
si son capaces de ejercer su libertad o son influidos hasta tal punto por la
mercadotecnia, grupos de referencia, instituciones y medios de comunicación,
que resultan incapaces de tomar decisiones independientes. Y también se muestra
qué valores orientan la vida y qué creencias conforman el humus moral de una sociedad.
Aun en la más
elemental de las situaciones, cualquier ser humano es consumidor o consumidora.
No podemos eludir esta condición, pero sí podemos actuar sobre ella, eligiendo
la forma de consumir, atendiendo a unos criterios y no a otros, favoreciendo
unas actitudes y descartando otras, asumiendo colectivamente estilos de vida
que no dañen a otros seres humanos y que por el contrario faciliten y promuevan
su empoderamiento para defender sus derechos y asumir su responsabilidad con
la sociedad y la naturaleza. Con el objetivo de fortalecer esta perspectiva es
que surge y se desarrolla el movimiento de consumidores o movimiento
consumerista, como se le denominó, principalmente, en países europeos.
Actualmente este término se ha ido abandonando por la confusión que genera con
la expresión consumismo, la cual define el afán de consumir como la dinámica
central de la vida, tanto en el ámbito privado como a nivel del conjunto de una
sociedad. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su Informe sobre el Desarrollo Humano (1998) afirma que la vida humana se nutre y
sostiene con el consumo. De hecho, éste ha sido el impulso de gran parte del adelanto
humano. El problema auténtico no es el consumo en sí mismo, sino sus pautas
actuales y los efectos que ellas producen. Es necesario cambiar dichas pautas
para resolver los problemas que se generan y así crear las condiciones que
permitan hacer avanzar el desarrollo humano. Las tres capacidades esenciales
para el desarrollo humano son la de vivir una vida larga y saludable, poseer
conocimientos pertinentes y significativos y contar con acceso a los recursos
necesarios para tener un nivel decente de vida. Estas capacidades se
complementan y enriquecen cuando se cuenta con oportunidades políticas,
económicas y sociales para ser creativos y productivos, se potencian las
capacidades individuales y colectivas y se tiene conciencia de pertenecer a una
comunidad.
Efectivamente,
algunas características del consumo moderno más que facilitar parecen inhibir
el desarrollo humano:
• El espectacular crecimiento
experimentado por el consumo mundial privado y público en el siglo XX, mismo
que aumentó en seis veces su nivel en los últimos sesenta años, pero que no se
ha visto reflejado de manera homogénea en el conjunto de la población. Por el
contrario, ha sido malamente distribuido provocando un incremento de las
desigualdades sociales. Más del 20% más pobre de los habitantes del mundo han
quedado excluidos de la explosión del consumo. De los casi 5 mil millones de
habitantes del mundo en desarrollo, unas tres quintas partes carecen de
saneamiento básico, un tercio no tiene acceso a agua limpia y la cuarta parte
carece de una vivienda adecuada. Asimismo, mientras la quinta parte más rica de
la población mundial consume el 45% de toda la carne y el pescado, la quinta
parte más pobre consume solamente el 5%; y mientras la quinta parte más rica
consume el 58% del total de la energía, la quinta parte más pobre consume
menos del 4%.
• El crecimiento explosivo del consumo
está sometiendo al medio ambiente a grandes tensiones. El consumo de cada uno
de nosotros se vincula, principalmente, por medio de los procesos de producción
y eliminación, con los efectos ambientales que abarcan a todo el planeta.
Además del peligro de agotamiento de recursos no renovables, asistimos al caso
de las emisiones y derrames que contaminan la tierra, superan la capacidad de
absorción y conversión del planeta y destruyen los ecosistemas. Al mismo tiempo
aumenta el deterioro y la degradación de los recursos renovables, las aguas,
suelos, bosques, peces, diversidad biológica. Y el daño ambiental provocado por
la expansión in- controlada del consumo mundial recae con mayor severidad sobre
los pobres y los países menos desarrollados, vale decir sobre aquellos que
menos o nada disfrutan de un consumo abundante.
• Cada vez adquiere más presencia un
consumo de exhibición. El consumo, especialmente de ciertos objetos
emblemáticos, cumple la función de localizar a los portadores de ellos en la
cadena de estratificación, puesto que operan como signos visibles del dinero que
se posee. Se trata del consumo como simbolización del status, generador de una
fachada, de una apariencia. Si bien se trata de una conducta de consumo característica
de sectores de altos ingresos, ella también se manifiesta en otros sectores
sociales. Esto explica la existencia de una poderosa industria especializada en
la imitación del alto consumo. La fuerte presión social para mantener niveles
elevados de consumo y el estímulo del gasto competitivo tienen un impacto
importante en la vida de las personas, de los hogares y de las comunidades.
Como ejemplo se puede mencionar el incremento del endeudamiento privado,
principalmente a través de los créditos de consumo. En muchos casos los hogares
compiten para satisfacer niveles de consumo en aumento, limitando el gasto en
alimentos, educación y salud. Asimismo, las personas gastan más horas
trabajando, dejando menos tiempo para la familia, los amigos y la comunidad.
• Los consumidores están desprotegidos en
mercados desequilibrados y de escasa transparencia. Es notoria la existencia de
problemas frecuentes en materia de calidad y seguridad de bienes y servicios. A
esto se suma la alta concentración del poder económico y la tendencia a
vulnerar los principios de la libre competencia, lo que genera desequilibrios
en perjuicio de los consumidores. Estos se expresan en la falta de información
indispensable relacionada, por ejemplo, con tarifas y otras prestaciones de servicios
de utilidad pública; fechas de vencimiento de artículos perecederos;
contraindicaciones en el caso de los medicamentos; condiciones de los créditos
y garantías; la posible nocividad de determinados consumos que se generan en
función de nuevos procedimientos productivos como es el caso de la manipulación
genética. A los problemas de información hay que agregar que gran parte de la
humanidad carece de medios para costearse los bienes más básicos. Estos y otros
elementos contradicen el principio de la llamada "soberanía del
consumidor", según el cual éste es un agente social que toma sus decisiones
de manera racional, perfectamente informado de las alternativas y
consecuencias, siendo dueño exclusivo de las circunstancias de las que puede
depender su decisión de consumo.
Los consumidores no
son soberanos, pero tampoco se dejan manipular en cualquier circunstancia. Cada
vez más a menudo exigen información y una adecuada relación entre calidad y precio.
Más complejo es, sin embargo, que adquieran conciencia de su poder en el mercado
y de que este poder pudiese ser utilizado para cambiar la forma en que el
consumo se está produciendo y que causa injusticia e insatisfacción. El
movimiento de consumidores, al mismo tiempo que anima la acción ciudadana para
defender los derechos y los intereses de éstos —actividad que incluye la permanente
evaluación crítica de la validez y de la eficiencia de instituciones y normas—
promueve medidas y acciones destinadas a producir los cambios conductuales que
garanticen una modificación permanente de las pautas y de los estilos de
consumo en el sentido del desarrollo humano.
ALGUNOS ANTECEDENTES.
Desde la creación de sus primeras organizaciones, el movimiento mundial de
consumidores ha visto en la acción pedagógica una herramienta principal para el
logro de sus fines. Las primeras experiencias educativas tuvieron lugar en los Estados
Unidos y fueron una buena base para la implementación de iniciativas similares
en el continente europeo. Actualmente, si bien con desniveles y desafíos
pendientes, la educación del consumidor está incorporada en los programas de
niños, jóvenes y adultos en Estados Unidos y Europa. Como lo señala el profesor
español Antonio J. Colom (1997):
... la educación para
el consumo, a pesar de que no implique en nuestro medio novedad alguna, carece
aún de fundamentación y sistematización pedagógica, por lo que su integración
conceptual en el campo de las ciencias de la educación, está por hacer. Por
otra parte, su carácter interdisciplinario, su puesta en práctica a través del
asociacionismo cívico, sus relaciones con la educación ambiental y para la salud,
así como su desarrollo mediante la aplicación de talleres y otras metodologías
completan un cuadro que a no dudar ofrece atractivas perspectivas de estudio e
investigación. Además, su importancia en la actual sociedad y el papel aún más
relevante que está llamada a jugar, nos obligan a reflexionar seria- mente
sobre la educación del consumidor y desarrollar aún más sus posibilidades.
Cabe advertir que
tanto en Europa como en Estados Unidos se usan indistintamente los términos
"educación para el consumo" y "educación del consumidor".
Si bien personalmente acepto ambas denominaciones, en América Latina se usa la
segunda con más frecuencia. Desde mi punto de vista el término "educación
para el consumo" denomina un tipo de educación en función de su utilidad
—el consumo—. En cambio "educación del consumidor" nos refiere a la
persona a la que destinamos las acciones educativas.
Hacia fines de los
años setenta las organizaciones de consumidores en Asia promueven iniciativas
educativas para jóvenes y adultos, incluyendo nuevos temas como satisfacción
de necesidades básicas, acción de corporaciones transnacionales, productos y
medicamentos peligrosos, temas que se incorporan a la agenda del movimiento de
consumidores como consecuencia de la integración al mismo de los países en
desarrollo.
En América Latina y
el Caribe la historia de la educación del consumidor es breve, pero rica en acontecimientos.
Esto nos permite escribir hoy no sólo desde el punto de vista de la teoría,
sino desde la experiencia acumulada. Al igual que en Asia, las acciones
educativas surgen en la década del setenta, ligadas al movimiento de
consumidores. México, Brasil, Argentina y Jamaica son países pioneros en esta
materia. La ampliación de este promisorio comienzo se vio obstaculizada por la
implantación de dictaduras en diversos países, mientras que otros se debatían
en agudos conflictos internos. A mediados de la década de los años ochenta, y
coincidiendo con la recuperación de la democracia, vemos extenderse paulatinamente
el movimiento de consumidores y con él renace el impulso a las actividades
educativas.
Un momento muy
importante de este proceso fue la realización, a fines de 1990 en Santiago de
Chile, de la Segunda Conferencia Regional de Consumers International, en la
cual 75 organizaciones de consumidores, agencias gubernamentales y otras ONG's
acuerdan conferirle a la educación un lugar prioritario en las políticas de
protección de los derechos de los consumidores. Se entrega un mandato a la
Oficina Regional de Consumers International para que impulse nuevos proyectos e
iniciativas y se acuerda establecer convenios técnicos de cooperación con
UNESCO y el Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL).
El convenio con
UNESCO resultó esencial para la implementación, a partir de 1994, de programas
conjuntos entre organizaciones de consumidores y Ministerios de Educación en
catorce países. Actualmente este convenio abre el camino a programas de
capacitación para docentes de la Red de Escuelas Asociadas a la UNESCO, actividad
que cuenta con el apoyo técnico de la Escuela Euro- pea de Consumidores.
Por su parte, la
colaboración con el Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL)
nos ligó con más fuerza con el vasto mundo de la educación popular, una
educación con larga y rica historia y formadora de una ética y una conciencia
que apuntan al empoderamiento ciudadano y a la modificación del estilo de
desarrollo vigente en la región. Por su naturaleza la educación del consumidor
se une con las temáticas de la protección ambiental, género, salud,
discapacidad, derechos humanos. Es por ello que las organizaciones de educación
popular y otras de la sociedad civil incorporan la mirada del consumo a sus
actividades específicas y así amplían su campo de trabajo con jóvenes y adultos.
También es destacable
el reconocimiento a la educación del consumidor en resoluciones emanadas de las
Reuniones de Ministros de Educación de América Latina y el Caribe, realizadas
en Chile, Jamaica, Bolivia y Cuba. Por su parte, la Conferencia Regional de
Educación de Jóvenes y Adultos, que tuvo lugar en Brasil en 1997, y la Reunión
Técnica Regional de UNESCO realizada en Chile el año 2000, señalaron que la
educación del consumidor es una necesidad básica de aprendizaje y un aporte
para mejorar la calidad de vida de los habitantes de nuestro continente.
Para afirmar los
avances y enfrentar de mejor manera los nuevos de- safíos, se constituyó, en
1996, la Red Regional de Educación del Consumidor. Actualmente cuenta con 160
organismos integrantes y sus objetivos son el intercambio de experiencias e
información, servir de espacio de debate y elaboración de contenidos y metodologías,
y contribuir a la difusión de las actividades que tienen lugar en los
diferentes países.
¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN DEL CONSUMIDOR?
A
lo largo de los años, diversas han sido las definiciones de la educación del
consumidor. Todas ellas contienen elementos de los objetivos que pretenden
alcanzar, de las formas de aproximación a la tarea y de los contenidos
esenciales que involucra un programa de educación en esta materia. Más allá de
la falta de coincidencia en las definiciones, lo central es que la educación
del consumidor par- te del principio de que todas las personas, niños, jóvenes
y adultos, deben llegar a ser consumidores críticos y estar bien informados
acerca de costos y calidad de bienes y servicios, de mecanismos, instancias y
procedimientos para hacer valer los derechos que les asisten, así como de las
prácticas y conductas relativas al efecto de su comportamiento sobre el medio
ambiente. Igualmente, debe ser un objetivo de este proceso educativo dotar a
los consumidores de una capacidad de lectura crítica frente a la publicidad y
los mecanismos que rigen las relaciones de consumo en una sociedad determinada.
Si la vemos en esta
dimensión, la educación del consumidor supone una oportunidad inmejorable para
acercar a las personas a la realidad del mercado y de la sociedad, a partir de
la salvaguarda de sus propios intereses cotidianos. Supone asimismo, la
posibilidad de distinguir entre las necesidades reales y las inducidas, cuestionando
el consumismo como un límite a la libertad de las personas y fomentando el
necesario sentido asociativo para incidir en las instancias donde se toman
decisiones que los afectan en su carácter de consumidores de bienes y
servicios.
Esta propuesta
educativa no culmina con el solo reconocimiento de los derechos que asisten a
los consumidores —a la satisfacción de las necesidades básicas, a la seguridad,
información, elección, compensación, representación, educación y a vivir en un
medio ambiente sano— sino que exige la asunción activa de una serie de
responsabilidades —conciencia crítica, participación activa, conciencia social
y ambiental y solidaridad— para darles efectiva vigencia social a tales
derechos.
Al ubicar el
cumplimiento de los derechos y responsabilidades de los consumidores como un
eje de la educación de los mismos, estamos ampliando la visión y el alcance de
ésta. Ya no se trata solamente de lograr que el consumidor individual adopte,
mediante una información adecuada, una postura racional dentro del mercado.
También debe ser capaz de visualizar aquellos aspectos sociales y culturales
del consumo, profundizando críticamente en los problemas socioeconómicos que
influyen sobre su situación y constituirse junto a otros consumidores en
participantes activos en la elaboración de propuestas destinadas a mejorar su
calidad de vida. De esta forma es posible imaginar que el mercado se convierta,
paulatinamente, en un terreno de re- flexión y organización ciudadana.
FORMULACIÓN DE
PROGRAMAS EN EDUCACIÓN DEL CONSUMIDOR. Cuando nos planteamos el propósito de
emprender pro- gramas de educación del consumidor, vale decir, programas
conducentes a producir cambios en los hábitos y en las prácticas dominantes de
consumo, es conveniente expresar claramente los valores en que se sustentan
dichos programas y las finalidades que se proponen alcanzar. En este sentido
resulta válido preguntarse cómo que- remos que sean las relaciones entre las
personas, con las cosas, con las instituciones y con el medio ambiente. En
función de esas definiciones básicas estaremos en condiciones de perfilar los
requisitos actitudinales, conductuales y cognitivos que deben alcanzar los
individuos para poder actuar con eficacia en el logro del objetivo señalado.
El consumo se
inscribe en la estructura misma de la cotidianidad de las personas, y sus
formas y contenidos responden a profundas motivaciones culturales, psicológicas
y sociales. En tal circunstancia, las personas ponen en juego sus sentimientos,
sus capacidades y habilidades, sus ideas, su sentido de identidad personal, cultural
y social, sus anhelos y su escala de valores. Es con esos materiales, frutos de
la tradición y de la experiencia, con los que forjan el instrumental destinado
a dar respuesta a las condiciones que se les presentan.
Como el proceso de
consumo exige respuestas precisas en los distintos momentos y en las diferentes
circunstancias en que se lleva a cabo, los programas educativos deben basarse
en el conocimiento de la situación concreta en cada localidad, así como de las
personas con las cuales vamos a desarrollar nuestro trabajo. Por esto es
conveniente que al iniciar el mismo nos formulemos, al menos, las siguientes
preguntas:
• ¿Cuáles son los principales problemas de
consumo que la gente identifica y reconoce? ¿Cómo afectan estos problemas sus
vidas?
• ¿Cómo se relacionan con problemas de
carácter más general en la sociedad? ¿Qué percepción tienen las personas de esa
relación?
• ¿Qué situaciones problemáticas en el
ámbito del consumo no se identifican como tales, porque se estima que las cosas
siempre han sido así?
• ¿Qué hábitos y qué pautas de consumo
aparecen ligados a los problemas reconocidos y a los que no se reconocen?
Definidos los valores
en que se sustentan los programas de educación del consumidor y su finalidad,
establecidas las características principales de las personas con las que vamos
a trabajar, las de su entorno, e identificados sus problemas, estamos en condiciones
de formular los objetivos pedagógicos de esos programas. Éstos se formulan en
tres niveles que se articulan: el del conocimiento, el de la comprensión y el
de la acción, y esto bajo el criterio orientador de que la educación del
consumidor es una educación para la vida.
CONTENIDOS Y EJES
TEMÁTICOS DE LA EDUCACIÓN DEL CONSUMIDOR. En términos de operativa educacional,
los contenidos se organizan en dos conjuntos de instrumentos, el conceptual
interpretativo y el procedimental operativo.
El primero permite
comprender e interpretar el mundo en que desarrollamos el proceso de consumo,
así como el lugar que nosotros ocupamos en él. Permite tomar conciencia de la
forma en que este proceso condiciona nuestras vidas y de la incidencia de
nuestro quehacer cotidiano en el mismo. Responde a las preguntas:
¿Qué es? ¿En qué
consiste?
El segundo nos
permite gobernar los actos destinados a dar satisfacción a nuestras necesidades
y actuar con eficiencia en la cotidianidad del mundo del cual el consumo forma
parte. Su eficacia se pone a prueba a diario en el desarrollo de las
actividades de la vida; por esa razón este conjunto instrumental deberá estar
en permanente revisión, al ritmo de las modificaciones que ocurren en los mercados.
Responde a las preguntas: ¿Cómo funciona? ¿Cómo lo manejo?
En la base de las
acciones de la educación del consumidor subyace un sistema de valores y una
idea de proyecto humano y social. Esto es lo que da sentido a toda la empresa y
es el punto sobre el que es necesario ser claro y explícito, evitando ambigüedades.
Es también el que justifica la elección de los ejes temáticos que dan sentido
al proyecto educativo.
Los seis ejes
temáticos que, en nuestra opinión, constituyen el núcleo de la problemática del
consumo moderno son:
1. Necesidades e identidad. Es el motivo
generador, el que da origen al proceso de consumo. Pone en movimiento todos los
mecanismos del sistema: psicológicos, culturales, sociales, económicos y jurídicos.
La forma como se reconocen las necesidades, en que se las identifica con
claridad, determinará el tipo de satisfactor que se considera idóneo, así como
los bienes y servicios que participarán en la satisfacción de esas necesidades.
Cuando se identifican necesidades y satisfactores específicos, se produce
también el reconocimiento de la identidad personal y cultural del sujeto. No es
casual que este sea el núcleo sobre el cual actúa en forma preferente el
mensaje publicitario.
En éste eje se
integran, entre otros, los siguientes instrumentos:
a) INTERPRETATIVOS. (Lo que hay que conocer y
entender): satisfacción de necesidades humanas, necesidades y motivaciones,
consumo de exhibición y gasto competitivo, producción y consumo, in-
suficiencias y desigualdades en la satisfacción de las necesidades.
b) OPERATIVOS. (Lo que es necesario conocer y
practicar): identificación de necesidades y satis- factores, jerarquización de
las necesidades en función de los proyectos de vida.
2. Funcionamiento de la sociedad mercado. En
función de determinaciones económicas, sociales, culturales y psicológicas, las
personas acuden al mercado en busca de lo que necesitan o creen que necesitan.
En el mercado, y con diferentes objetivos, hay proveedores y consumidores, los
cuales ponen en juego todos los recursos y pode- res que han sido capaces de
desarrollar, quedando de manifiesto el desequilibrio objetivo que existe a
favor de los proveedores. La búsqueda de satisfacción por parte de los
consumidores debe ser compatible con la búsqueda de ganancia por parte de los
proveedores. El conocimiento y comprensión de esta situación permite proponer y
exigir las medidas necesarias que garanticen el equilibrio de poderes entre los
actores. De las de- cisiones que en este proceso adopten los consumidores
dependerán los resultados de sus actos de con- sumo. Obtendrán satisfacción o
frustración, estimularán sistemas productivos ambientalmente amables o
agresivos, respetuosos de los derechos de los trabajadores o transgresores de
esos derechos.
En este eje se
integran, entre otros, los siguientes instrumentos:
a) INTERPRETATIVOS. Las relaciones de
mercado, el papel del Esta- do, normas e instituciones, la libre competencia y
las prácticas monopólicas, adquisición de bienes y ser- vicios, motivaciones
para la compra, información para la compra y uso de bienes y servicios, los medios
de pago, el crédito, el ahorro, alimentación, nutrición y salud.
b) OPERATIVOS. Elección y obtención de bienes
y servicios, aplicación de normas, facultades y atribuciones de las
instituciones, obtención y comprensión de la información, distinción entre
información y seducción en la publicidad, prácticas de modalidades de
compraventa y contratación, ad- ministración del presupuesto familiar, uso
racional del crédito, técnicas de ahorro directo e indirecto, prácticas de
hábitos conducentes a evitar factores de riesgo para la salud.
3. Marco jurídico e institucional. Las relaciones
de mercado deben ser objeto de una regulación que garantice su equilibrio y
transparencia. Para ello, es necesario reconocer, en primer lugar , los
derechos de los consumidores y consagrarlos en normas positivas; éstas deben
contar con el correspondiente sistema de instituciones que las hagan
funcionales y operativas para todos los actores. El carácter de dichas normas e
instituciones deberá adecuarse permanentemente a las modificaciones ocurridas
en las relaciones de mercado.
Este eje integra,
entre otros, los siguientes instrumentos:
a) INTERPRETATIVOS. Derechos y responsabilidades
de consumidores y proveedores, protección del consumidor en el mundo moderno,
las directrices de protección al consumidor de Naciones Unidas, contenidos
fundamentales de una ley de protección del consumidor.
b) OPERATIVOS. Reconocimiento y ejercicio de
derechos y responsabilidades, identificación de situaciones en que se hacen
aplicables los contenidos fundamentales de las leyes de protección del consumidor,
proposición de perfeccionamiento de leyes y normas, prácticas de solución de
controversias de consumo.
4. Información y publicidad. Un papel
relevante juega la información para la comprensión del fenómeno del consumo en
su conjunto, así como para la toma de decisiones particulares. Se trata de los
datos sobre características técnicas o cualidades útiles de bienes y servicios,
pero también acerca del origen de estos bienes y servicios, su relación con el
medio ambiente y con las condiciones laborales. En este contexto se hace necesario
distinguir el papel de la publicidad, su utilidad y sus aspectos negativos, sus
propósitos y sus métodos. De lo que se trata es de aprender a leer la
publicidad, ser capaces de decodificarla.
Este eje integra, por
ejemplo, los siguientes instrumentos:
a) INTERPRETATIVOS. La importancia y
necesidad de la información para los consumidores, el desequilibrio entre
proveedores y consumidores en el plano de la información, las fuentes de
información, las funciones de la publicidad, y las vías y estrategias de la persuasión,
regulación y autorregulación publicitaria.
b) OPERATIVOS. Identificación del tipo de
información necesaria para cada circunstancia, acceso y manejo de las fuentes
de información, lectura crítica de la publicidad.
5. Consumo y medio ambiente. El conocimiento de los impactos de las pautas de consumo sobre las condiciones ambientales, partiendo de las acciones individuales hasta llegar a los sistemas sociales de producción e intercambio, forma par- te de la comprensión del sentido y alcance del fenómeno. Las pautas de consumo que se han impuesto en el mundo y en nuestro continente constituyen fuertes amenazas para el medio ambiente. Los consumidores deben capacitarse para promover su derecho a vivir en un medio ambiente saludable y asumir su responsabilidad para que el consumo de algunos no ponga en riesgo el bienestar de otros y comprometa las opciones de futuras generaciones. Este eje integra, por ejemplo, los siguientes instrumentos:
a) INTERPRETATIVOS. El ser huma- no y su
medio ambiente, acuerdos internacionales para proteger el medio ambiente,
problemas acuciantes (agua, energía, transporte, producción industrial de
alimentos, basura), normas e instituciones que se ocupan del cuidado del medio
ambiente, propuestas para un consumo sustentable.
b) OPERATIVOS. Reconocimiento de la
incidencia de actos de con- sumo en el medio ambiente, prácticas individuales y
familiares de consumo sustentable, prácticas asociativas para el consumo sustentable,
cuidado y uso del agua, aprovechamiento de energías limpias, preferencia por
transporte eficiente y no contaminante, disposición de la basura, vigilar que
se cumplan las normas y denuncia de agresiones al medio ambiente.
6. Acción de los consumidores y ciudadanía.
Las acciones de los consumido- res, sus preferencias y sus rechazos, determinan
en gran medida qué productos se venden o no y cuáles proveedores permanecen en
el mercado. Cuando estas acciones son guiadas por consideraciones inmediatas
adquieren, por lo general, un carácter individual o familiar. Y cuando esas
consideraciones inmediatas se articulan y combinan con otras de carácter
general, social y ambiental, y generan acciones organizadas de conjuntos de
consumidores, su impacto es capaz de lograr resultados en relación con las necesarias
condiciones de equilibrio y transparencia, así como con el respeto por el medio
ambiente y por los derechos laborales y sociales. Estimular la creación de organizaciones
de consumidores es uno de los objetivos de las actividades educativas. Ello
contribuye al fortalecimiento del tejido social y a la construcción de una
ciudadanía crítica y participativa.
Este eje integra,
entre otros, los siguientes instrumentos:
a) INTERPRETATIVOS. Consumo y ciudadanía,
historia del movimiento de consumidores, misión y objetivos de las
organizaciones de consumidores, colaboración y alianzas entre organizaciones de
la sociedad civil, relación entre las organizaciones de consumidores, el Estado
y los empresarios.
b) OPERATIVOS. Funcionamiento de una
organización de consumidores, áreas principales de trabajo, técnicas y
procedimientos para organización de campañas, formación de redes.
La adquisición y el
dominio de los distintos instrumentos interpretativos y operativos pondrán a
las personas en condiciones de mantener actitudes conscientes, responsables y
solidarias en el desempeño habitual y cotidiano de sus vidas. Es precisamente
en ese desempeño que las actitudes mencionadas fundamentan las relaciones que
se establecen con las otras personas en los diversos y variados ámbitos de la
convivencia humana.
En efecto, la
práctica del consumo sobre esas bases se articula directamente con el ejercicio
de una ciudadanía respetuosa de los derechos humanos, con el cuidado del medio
ambiente y de la salud, pero también con el respeto y la promoción de la
igualdad de oportunidades entre los géneros. Es por ello que consideramos que
en el tratamiento y en la práctica de todos los ejes temáticos de la educación
para el consumo se hace necesario incorporar de manera planificada la
perspectiva de género. Para facilitar este trabajo se elaboró la guía Género y
consumo, con el objetivo de dar a conocer las principales herramientas
conceptuales sobre la perspectiva de género aplicadas a las relaciones de
consumo y desarrollar habilidades para la animación de talleres de educación a
las consumidoras y los consumidores con perspectiva de género.
ACERCA DE LAS
ACTIVIDADES. Si bien muchas de las actividades que habitualmente se ponen en
práctica en la educación del consumidor se pueden aplicar a distintos sectores,
al momento de desarrollarlas es preciso organizarlas tomando cuidadosa consideración
de las características de los participantes, y, sobre todo, asegurando que las
actividades se realicen en el contexto en que éstos se desenvuelven como
consumidores, o con fuertes referencias a ese contexto.
Las actividades
privilegian el uso de técnicas participativas, siempre que esté claro que las
técnicas son sólo herramientas en función de un proceso que tiene que
comprometer a todos y cada uno de los participantes, con el debido respeto de
las diferencias individuales. A modo de ejemplo menciono brevemente algunas de
esas técnicas:
• Estudio de casos. El objetivo es facilitar
la toma de decisiones en situaciones de consumo. Es importante que los casos se
basen en acontecimientos reales y de relevancia para los participantes. El caso
debe corresponder a las posibilidades de los participantes en extensión y grado
de dificultad y preferentemente debe poder resolverse de varias maneras. Los participantes
deben llegar a formular y jerarquizar propuestas alternativas de solución a los
problemas y comparar sus decisiones con las que encuentran en su entorno, con vistas
a valorar diferencias y semejanzas.
• Proyecto de trabajo. Es una actividad que
consiste en estudiar un tema elegido por los participantes, buscar la solución
de un problema o preparar la realización de una actividad de consumo. El
facilitador puede actuar como un guía o coordinador. Los participantes trabajan
con independencia del facilitador y procuran experiencias por sí mismos. Los
proyectos tienen la ventaja de tener un inmediato uso práctico.
• Salidas a terreno y visitas guiadas. Las
visitas a comercios, grandes tiendas, supermercados, ferias y empresas,
constituyen una excelente oportunidad para establecer comparaciones, buscar
información, analizar situaciones concretas. Deben ser bien organizadas, con su
programa de actividades y observaciones, su informe y evaluación. Su
funcionalidad se encuentra en el desarrollo de la capacidad crítica y del
pensamiento autónomo.
• Análisis y evaluación de productos y servicios. Los análisis de productos y servicios resultan de un alto interés en la formación de los consumidores. Un tipo de análisis comparativo se basa en la relación calidad-precio-cantidad y se toman en cuenta aspectos tales como el envase, conservación, etiquetado, información al consumidor, caducidad, registros sanitarios, peso. Este tipo de actividad estimula la capacidad de observación y análisis, la necesidad de contar con información adecuada y permite evidenciar irregularidades o abusos.
MIRANDO EL FUTURO. Si
bien la educación del consumidor ha ganado un espacio importante en la región,
es necesario asumir que todavía hay una distancia significativa en relación con
las necesidades y demandas existentes. Para cubrir este espacio tenemos que
ubicar los desafíos principales y establecer los lineamientos básicos para
poder enfrentarlos. Algunos de los desafíos que visualizamos son:
• Profundizar en la fundamentación de los
objetivos y contenidos de la propuesta educativa en consumo. Hay que evitar que
sean demasiado generales y no se distingan etapas y modalidades educativas.
• Incorporar nuevos temas a los programas
de educación del consumidor, como es el caso de la responsabilidad social de
las empresas.
• Extender las acciones educativas, ampliando
la Red Regional, apoyando más y mejor el trabajo de las organizaciones de
consumidores, ampliando alianzas, elaboran- do nuevos proyectos, usando al
máximo las nuevas tecnologías de información y comunicación.
• Ampliar la incorporación de la educación
del consumidor al currículo escolar y llegar con más decisión a los espacios
comunitarios. Uno de los retos de la democracia es su capacidad de formar ciudadanía,
reconstruyendo el espacio de lo público.
• Promover la sistematización de las numerosas
experiencias que tienen lugar en la región, distinguiendo las exitosas de las
que no lo son y estableciendo las causas de los aciertos y los errores.
• Incorporar en forma sistemática la perspectiva de género en los contenidos de la educación para el consumo. Se trata de una tarea urgente y su materialización influirá en la necesaria igualdad de oportunidades y derechos para mujeres y hombres en el ámbito de las relaciones de consumo.
Lecturas sugeridas:
ÁLVAREZ MARTÍN, N.,
2000. Formación del consumidor. Ciclo Formativo de Grado Superior, Módulo 4.
MAG (Estudios de Consumo), Escuela Europea de Consumidores, Santander.
e-mail: escuela@infoconsumo.es
www.infoconsumo.es/escuela
BOCOCK, R., 1993. El
consumo, Talasa, Madrid. e-mail: consint@consint.cl
CORTINA, A., 2002.
Por una ética del consumo, Santillana, Madrid. www.taurus.santillana.es
ITURRA, R. Y J.
TRÍMBOLI, 2001. Plataforma Regional: reflexiones para un diálogo en torno a la
educación del consumidor/a, Consumers International, Santiago.
e-mail:
consint@consint.cl www.consumidoresint.cl
MOULIAN, T., 2000. El
consumo me consume, Lom-Libros del Ciudadano, Santiago.
Fax: (562) 6730915.
En nuestros días, la gente sabe el precio de todas las
cosas, pero no conoce el valor de ninguna.
Oscar Wilde, escritor, dramaturgo y poeta irlandés,
1854-1900.





