Autor:
Pérez Silva, Vicente
 |
| VICENTE PEREZ SILVA |
Poco
tiempo había transcurrido desde la fallida Revolución de los Comuneros, cuando
ocurre otro suceso, esta vez, en el lugar donde tienen asiento las autoridades
virreinales, episodio de singular trascendencia y repercusión que también tiene
que ver con el origen de nuestra independencia de la corona española: la
traducción y difusión de la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional de Francia en agosto de 1789,
documento que comienza con esta afirmación:
“Los
representantes del pueblo francés, constituidos en la Asamblea Nacional, consideran
que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las
causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos”.
Al
contrario de la Revolución de marras, su protagonista ya no es el pueblo sino
un hombre excepcional que, en medio de las adversidades brilló como pocos en la
dura refriega contra las fuerzas del imperio español: don Antonio Nariño,
llamado con acierto el “hombre de los infortunios”.
La
historiadora Soledad Acosta de Samper, abre su Biografía del general Antonio
Nariño, con estas palabras que, a nuestro parecer, enmarcan la vida, las
ejecutorias y los padecimientos del gran precursor de nuestra independencia;
pero, además, el traductor de los mencionados Derechos del Hombre y del
Ciudadano y, por ende, el auténtico precursor de la libertad de pensamiento y
de imprenta en los albores de nuestra vida independiente:
“Don
Antonio Nariño era en el virreinato neogranadino el hombre más elocuente, más
instruido, de mayores conocimientos prácticos, más liberal y generoso, más
abnegado, más patriota y más amado entre los santafereños de cuantos existían
entonces –en 1790–, en la capital de la Colonia. Su popularidad en Cundinamarca
era general; desde el virrey en su palacio hasta el último artesano y labriego
de la Provincia, todos le querían, le estimaban y escuchaban sus consejos ¡Y
sin embargo a la vuelta de pocos años todo había cambiado! Las autoridades le
proscribieron y confiscaron sus bienes; sus amigos le desconocieron unos y se
ocultaron otros para no sufrir la misma suerte; su familia padeció pobrezas,
después de haber gozado del primer puesto en la sociedad santafereña; el honor
fue sospechado y la calumnia le persiguió hasta los últimos días de su azarosa
existencia.
Cuando
dicha historiadora nos dice que su biografiado fue “el hombre más elocuente y
más instruido”, se impone traer a la memoria que, gracias a su padre, Vicente
Nariño y a su abuelo materno, el intelectual y catedrático Manuel Bernardo
Álvarez, Nariño, desde muy temprana edad disfrutó de una extraordinaria
biblioteca en cantidad y calidad. Allí los libros de derecho, filosofía,
gramática, historia y literatura. Sin que faltaran algunos libros prohibidos. Y
entre todos, sorprenden las Aventuras de Don Quijote de la Mancha, en tres tomos.
De aquí “la similitud que existe entre la vida y la muerte de Nariño, y la vida
y la muerte de Don Quijote”. Similitud que nos deja entrever, al correr de
castiza pluma, el cronista de la sabana de Bogotá, Tomás Rueda Vargas.
A
este respecto, el escritor e historiador Enrique Santos Molano, una biblia en
cuanto atañe con la vida de Nariño, a quien acertadamente considera “un
filósofo de la revolución”, nos hace esta anotación:
“A
sus estudios escolares de gramática y filosofía en el colegio de San Bartolomé,
Nariño añadió una penetrante formación autodidacta en otros conocimientos. La
sabia erudición que demostrara en los diferentes episodios de su agitada
existencia enseña hasta dónde fueron intensas en análisis las lecturas a que se
aplicó desde su niñez”.
Al
valorar esta afortunada circunstancia, creemos que el eminente polígrafo y
humanista Miguel Antonio Caro, tuvo sobrada razón al expresar, de manera tan
lacónica como significativa, que “el verdadero origen de la independencia
colombiana hay que buscarlo en la biblioteca de Antonio Nariño”. Ciertamente,
aquí se halla la fuente en donde se nutrieron, acrecentaron y estimularon sus
ideales de libertad; ideales por los cuales vivió y padeció la persecución y el
destierro durante largos años.
Traducción de los
derechos del hombre
En su biblioteca, Nariño,
hombre de estudio y dueño de una vasta cultura, “leía en su idioma original a
los enciclopedistas y a los padres de la Iglesia”; a Rousseau, Voltaire,
Diderot, Montesquieu y, desde luego, se solazaba con la lectura de la Historia
de la Revolución de 1789 y del establecimiento de una Constitución francesa,
impresa en París en 1790. Obra que le había proporcionado el virrey Ezpeleta,
concretamente el tomo tercero, que contiene los 17 artículos de los tan
anhelados Derechos del Hombre y del Ciudadano.
En
la defensa del 28 de julio de 1795, Nariño confiesa:
“Yo
tenía una imprenta y mantenía a mi sueldo un impresor. Vino a mis manos un
libro y vino de las manos menos sospechosas que se puede imaginar. Fuera de eso
se me dio sin reserva. Encontré Los Derechos del Hombre que yo había leído,
esparcidos acá y allá en infinitos libros y en los papeles públicos de la
nación”.
Por
demás está decir que dicha biblioteca se había constituido en el escenario
propicio para el desarrollo de unas tertulias que Nariño, en asocio de su amigo
el médico francés Luis de Rieux, masón por añadidura, había conformado con el
nombre de Arcano sublime de la filantropía. Su palabra inicial, de manera
exacta, escondía su finalidad: un lugar secreto, muy reservado y de suma
importancia. En otras palabras, una sociedad secreta de aquéllas que habían
surgido en la capital del Virreinato. Un lugar que aparentaba una sala de
lectura, cuando en rigor era el sitio adonde acudían hombres ilustres,
solidarios con el espíritu que agitaba su inspirador, prototipo de la
revolución. “Allí Don José María Lozano, Marqués de San Jorge, el personaje de
más viso y suposición de su tiempo; allí Don Luis Azuola y Don Francisco
Antonio Zea, y Don Joaquín Camacho, y Don Francisco Tovar, y Don José Antonio,
y Don Juan Esteban Ricaurte, y los Torres, Gutiérrez y Acevedos. ¡Todo el
patriarcado del Virreinato!” A este patriarcado, con igual propósito, se
sumaban otros tantos criollos que acudían a las llamadas sociedades secretas.
No
queda duda alguna que al amparo de sus fieles amigos, los libros, y en la
Imprenta Patriótica de su propiedad, en un acto de audacia y de plena
convicción, llevó a cabo la traducción, impresión y distribución de un centenar
de ejemplares de la mencionada Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano. Como efectivamente lo hizo.
La
investigación no se hizo esperar. Surgen las consejas y las acusaciones. Se
ordena el allanamiento de su biblioteca y la confiscación de sus bienes. La
Real Audiencia inicia procesos contra Nariño; José Antonio Ricaurte, por
haberlo defendido; Francisco Antonio Zea, tenido por cómplice, y Pedro Fermín
de Vargas, su amigo íntimo y contertulio, por sus ideas ilustradas y su
formación enciclopedista. Como si lo anterior fuera poco, en la plaza mayor de
Santa Fe, por mano de verdugo, se hace la quema del libro de donde Nariño había
hecho la traducción de la mencionada Declaración.
Entonces,
más que nunca, los Derechos del Hombre fueron solicitados, buscados y leídos
ansiosamente, siempre coadyuvando “el prestigio de lo desconocido y el vértigo
de atracción de lo prohibido”. La misma persecución que por su publicidad había
acarreado al grande hombre, los hacía cada vez más novedosos y atrayentes.
Secreta, sigilosamente se devoraban en todas partes, y las sociedades
clandestinas o juntas lugareñas que para el efecto se verificaban, tenían el
aspecto de verdaderas conjuraciones, tanto por el tono con que se comentaban
como por la pasión y el entusiasmo con que eran acatados.
La
conspiración de los pasquines
En
este punto, cabe señalar que el proceso seguido contra Nariño estuvo dividido
en tres expedientes: uno, por conspiración; otro, por la impresión y
publicación de Los Derechos del Hombre; y, el tercero, por pasquines
sediciosos. No habiéndose hallado ejemplar alguno de la impresión hecha por
Nariño, tomó cuerpo el aspecto relacionado con los pasquines, llamado por el
historiador Eduardo Posada el proceso de los pasquines. También se conoce con
los nombres de conspiración de los pasquines o guerra de los pasquines.
Tanto
el virrey como los oidores del Nuevo Reino de Granada, en su informe al rey
expresaban que la defensa de Nariño era más perniciosa que la misma publicación
de Los Derechos del Hombre. Por lo tanto, para una mejor comprensión de este
acontecimiento, conviene hacer la transcripción de algunos rasgos del referido
informe:
“Exmo
Sr.: habiendo salido de la ciudad de Santa Fe de Bogotá el 18 de agosto de 94,
el virrey de aquel reino para un pueblo distante dos jornadas con el objeto de
reparar su salud, ocurrió que en los días 19 y 20 del mismo amanecieron puestos
en parajes públicos unos pasquines sediciosos.
“El
regento dictó desde luego algunas providencias y avisó sin pérdida de tiempo al
virrey, que con esta noticia inmediatamente regresó a la ciudad: en los mismos
días se delató al regente la clandestina impresión de un papel sedicioso, y una
sublevación mediata: todo lo remitió el virrey a la audiencia; y ésta determinó
encargar a cada uno de los tres ministros, la formación de las causas sobre
dichos tres puntos: al oidor don Joaquín Inclán se encargó de los pasquines,
cuyo contenido era el siguiente:
“Si
no quitan los Estancos
Si
no cesa la Opresión,
Se
perderá lo ganado.
Tendrá
fin la usurpación”.
“Otro
había del tenor siguiente: el apuntador de la compañía de cómicos de esta
ciudad representa hoy la gran comedia El Eco: con el correspondiente sainete
por octava vez: La Arracacha: y la respectiva tonadilla por novena ocasión El
Engañabobos: se avisará si hay o no…
Nota:
El gobernador de Cartagena de Indias con fecha 25 de febrero remitió al virrey
de Santa Fe copia de dos pasquines que en la plaza de aquella ciudad
amanecieron puestos en los días 20 y 22 del mismo por si acaso tenían alguna
conexión con los fijados en la capital y añadió que por más diligencias que
había practicado nada había podido adelantar en orden de la averiguación de los
autores: los dos citados pasquines son del tenor siguiente:
“Lo
que en el margen se advierte
A
voces se pedirá:
La
ocasión dará la suerte
Y
podremos respirar:
Bien
claro se nos ofrece
Este
partido apurar
Rayos
exhale el infierno,
Trastorne
la facultad
Acábese
este gobierno
De
tanta incomodidad.
“Segundo:
“Principio
quieren las cosas
Para
conseguir las empresas
Que
se quiten tres cabezas
Para
acabar estas mofas.
“Aunque
se unieron a la causa principal nada pudo averiguarse (…).
Septiembre
22 de 1796”.
Cabe
agregar que dichos pasquines o libelos, no solamente se fijaron en los sitios
más concurridos de la capital sino que también pudieron leerse en otras
ciudades del Reino, tal como el mencionado de Cartagena y otro que apareció en
la madrugada del 24 de febrero de 1797, en dos parajes de Santa Marta contra el
Comisionado Ignacio Cavero; panfleto en lenguaje crudo que fue hallado por la
ronda en la calle que va al correo:
“PASQUÍN
DIRIGIDO AL Sr. COMISIONADO: CAGADO: IGNACIO CAVERO: PUÑETERO: DONDE LE AVISO:
CARNISO: QUE ANDE CON CUIDADO: MONTADO.
“Si
hasta aquí te has escapado
porque
has andado modesto
te
pido que te estés quieto
porque
saldrás desterrado,
y
si no pones cuidado
en
proceder como debes
te
irás a la mierda breve
junto
con tu comisión
y
quedarás bien andón
tú
y don Chirilo de Nieve.
“Si
porque estás protegido
piensas
salir con tu intento
deja
ese vil pensamiento
pues
antes saldrás jodido
y
si no andas advertido
en
lo que tienes de hacerte
mira
que presto has de verte
en
amarga predicción
y
conozca la razón
que
has tenido de perderte.
“Solamente
Lucifer
te
pudiera haber metido
a
que aquí hubieras venido
a
acabarte de joder
y
si no lo hechas de ver
y
piensas que estás seguro
bien
puedes poner el culo
en
términos suplicantes
que
no te lo pingan caliente
y
que te lo tomen duro.
En
fin cavero acabado
más
feo que un caño arrecho
mira
que andes derecho
en
lo que tienes obrado
porque
si has intentado
aclarar
oscuridades
necias
serán tus piedades
mientras
prosigas así
porque
al fin saldrás de aquí
con
diez mil calamidades.
“Quiero
a don Chirilo tanto
Que
he mandado retratarlo
de
judas para quemarlo
el
mismo sábado santo”.
Estos
pasquines o papeles sediciosos fueron las armas empleadas contra la tiranía, en
vísperas de la memorable fecha del 20 de julio; y la traducción, impresión y
divulgación de Los Derechos del Hombre, uno de los intereses decisivos que
influyeron para el logro de la independencia. Cometido tan entrañablemente
anhelado por quien padeció hasta lo indecible por la mejor suerte y
conformación de su patria. Éste el reconocimiento integral y solidario que
Nariño merece en este bicentenario, conmemoración que suscita reflexiones,
rectificaciones y actuaciones en nuestro ordenamiento social.
No
en vano, la palabra esclarecida del presidente Lleras Camargo, con motivo del
bicentenario natalicio de Antonio Nariño, nos hizo esta manifestación: “Todavía
la nación que soñó entre libros y en sus prisiones, sigue formándose. No es
sorprendente que todavía no practique bien la gratitud para quien predijo su
nacimiento y su curso histórico”.
Memorial de agravios,
1809 (Extracto)
Camilo
Torres*
Camilo
Torres y Tenorio (1766-1816) redactó este documento en 1809. Se trata de un
valeroso llamado de igualdad que los españoles americanos o criollos le hacen a
las autoridades españolas. Constituyó una contribución esencial al ambiente
independentista de esos años. El título original del documento es:
Representación del muy ilustre Cabildo de Santafé a la Suprema Junta Central de
España.
“América
y España, son dos partes integrantes y constituyentes de la monarquía española,
y bajo de este principio, y el de sus mutuos y comunes intereses, jamás podrá
haber un amor sincero y fraterno, sino sobre la reciprocidad e igualdad de
derechos. Cualquiera que piense de otro modo, no ama a su patria, ni desea
íntima y sinceramente su bien. Por lo mismo, excluir a las Américas de esta
representación, sería, a más de hacerles la más alta injusticia, engendrar sus
desconfianzas y sus celos, y enajenar para siempre sus ánimos de esta unión” […]
“Si
el cabildo, pues, hace ver a V.M. la necesidad de que en materia de
representación, así en la junta central, como en las cortes generales, no debe
haber la menor diferencia entre América y España, ha cumplido con un deber
sagrado que le impone la calidad de órgano del público, y al mismo tiempo, con
la soberana voluntad de V.M. […]
“Establecer,
pues, una diferencia, en esta parte, entre América y España, sería destruir el
concepto de provincias independientes, y de partes esenciales y constituyentes de
la monarquía, y sería suponer un principio de degradación.
“Las
Américas, señor, no están compuestas de extranjeros a la nación española. Somos
hijos, somos descendientes de los que han derramado su sangre por adquirir
estos nuevos dominios a la corona de España; de los que han extendido sus
límites, y le han dado en la balanza política de la Europa, una representación
que por sí sola no podía tener. Los naturales conquistados, y sujetos hoy al
dominio español, son muy pocos o son nada en comparación de los hijos de
europeos, que hoy pueblan esta ricas posesiones.”[…]
“…Así
que no hay que engañarnos en esta parte: Tan españoles somos, como los
descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores, por esta razón, a las
distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación, como los que
salidos de las montañas, expelieron a los moros, y poblaron sucesivamente la
Península; con esta diferencia, si hay alguna, que nuestros padres, como se ha
dicho, por medio de indecibles trabajos y fatigas descubrieron, conquistaron y
poblaron para España este Nuevo Mundo.”
[…]
“En
este concepto hemos estado y estaremos siempre los americanos; y los mismos
españoles no creerán que con haber trasplantado sus hijos a estos países, los
han hecho de peor condición que sus padres. Desgraciados de ellos, si solo la
mudanza accidental de domicilio, les hubiere de producir un patrimonio de
ignominia.” […]
“En
cuanto a la ilustración, la América no tiene la vanidad de creerse superior, ni
aun igual a las provincias de España. Gracias a un gobierno despótico, enemigo
de las luces, ella no podía esperar hacer rápidos progresos en los
conocimientos humanos, cuando no se trataba de otra cosa que de poner trabas al
entendimiento. La imprenta, el vehículo de las luces, y el conductor más seguro
que las puede difundir, ha estado más
severamente prohibido en América, que en ninguna parte.
Nuestros
estudios en filosofía, se han reducido a una jerga metafísica, por los autores
más obscuros y más despreciables que se conocen. De aquí, nuestra vergonzosa
ignorancia en las ricas preciosidades que nos rodean, y en su aplicación a los
usos más comunes de la vida. No ha muchos años que ha visto este Reino, con
asombro de la razón, suprimirse las cátedras de derecho natural y de gentes,
porque su estudio creyó perjudicial. ¡Perjudicial el estudio de las primeras
reglas de la moral que grabó Dios en el corazón del hombre! ¡Perjudicial el
estudio que le enseña sus obligaciones, para con aquella primera causa como su
autor de su ser, para consigo mismo, para con su patria, y para con sus
semejantes! ¡Bárbara crueldad del despotismo, enemigo de Dios, y de los
hombres, y que solo aspira a tener a estos, como manadas de siervos viles,
destinados a satisfacer su orgullo, sus caprichos, su ambición, y sus
pasiones!” […]
“Teméis
el influjo de la América en el gobierno? Y ¿Por qué lo teméis? Si es un
gobierno justo, equitativo y liberal, nuestras manos contribuirán a sostenerlo.
El hombre no es enemigo de su felicidad. Si queréis inclinar la balanza a el
otro lado, entended que diez a doce millones de almas con iguales derechos
pesan otro tanto que el plato que vosotros formáis”
“No
temáis que las Américas se os separen. Aman y desean vuestra unión; pero este
es el único medio de conservarla. […]
“¡Igualdad!
Santo derecho de la igualdad, justicia que estribas en esto, y en dar a cada
uno lo que es suyo; inspira a la España Europea estos sentimientos de la España
Americana: estrecha vínculos de esta unión: que ella sea eternamente duradera,
y que nuestros hijos dándose recíprocamente las manos, de uno a otro continente,
bendigan la época feliz que les trajo tanto bien. ¡Oh! Quiera el cielo oír los
votos sinceros del cabildo, ¡que sus sentimientos no se interpreten a mala parte! ¡Quiera el cielo que otros
principios, y otras ideas menos liberales, no produzcan los funestos efectos de
una separación eterna!
“Santafé.
Veinte de Noviembre de mil ochocientos nueve!”
*Vicente
Pérez Silva. Abogado, Universidad del Cauca. Escritor e investigador. Miembro
de la Academia de Historia de Nariño
BIBLIOGRAFÍA
Acosta
de Samper, Soledad. Biografía del general Antonio Nariño, Pasto, Imprenta
Departamental, 1910.
Andrade
González, Gerardo. Crónicas de la vida social colonial colombiana (obra
inédita).
Miramón,
Alberto. Nariño una conciencia criolla contra la tiranía, Bogotá, Academia Colombiana
de Historia, vol. XXI, 1960.
Pérez
Sarmiento, José Manuel. Causa célebre a los precursores, tomo II, Bogotá,
Imprenta Nacional, 1939.
Pérez
Silva, Vicente. “Antonio Nariño: precursor de la libertad de pensamiento y de
imprenta”, en Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, vol.
VIII, No. 4, Bogotá, 1965.
Posada,
Eduardo y Ibáñez, Pedro María (editores). El precursor, documentos sobre la
vida pública y privada del general Antonio Nariño, Bogotá, 1903.
Santos
Molano, Enrique. Antonio Nariño filósofo revolucionario, Bogotá, Edit. Planeta,
1999.
Nota:
con ocasión del bicentenario de la traducción de Los Derechos del Hombre,
Credencial Historia dedicó a esta conmemoración las ediciones 47 (noviembre
1993) y 48 (diciembre 1993).
Fuente: https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-241/los-derechos-del-hombre-sociedades-secretas-y-la-conspiracion-de-los-pasquines
Pasquines
sediciosos en Santafé de Bogotá
“La
pared y la muralla son el papel del canalla”. Esta frase, conocida por todos,
bien pudo haber sido pronunciada por el virrey Ezpeleta y su corte cuando el 19
y el 20 de agosto de 1794 aparecieron fijados en algunos muros de la ciudad de
Santafé unos “pasquines sediciosos”. Escritos en verso, y en un tono inocente, los pasquines reclamaban menos impuestos y
más igualdad:
En
la tienda de don Vicente Prieto:
Si
no quitan los estancos
Si
no cesa la opresión
Se
perderá lo ganado
Tendrá
fin la usurpación
Posiblemente
y, a pesar de que para ese entonces no se utilizaba el término graffiti, ya el
uso de la pared como espacio de expresión y el anonimato como garantía de
seguridad, empezaban a usarse para lanzar al público algunas reivindicaciones
políticas.
Pasquines
Una
vez se conocieron los pasquines, las autoridades del Virreinato de la Nueva
Granada empezaron a mover cielo y tierra para apresar a los presuntos
implicados. Las noticias llegaron a España y en el Archivo de Sevilla reposan
intactos los expedientes.
Antonio
Nariño, el médico Luis Rieux, Francisco Antonio Zea; el sobrino del Sabio
Mutis: Sinforoso Mutis, y José Antonio Ricaurte fueron acusados de la
publicación de estos pasquines, pues su aparición coincidió con la impresión de
la traducción de los Derechos del Hombre. Aún no se sabe a ciencia cierta si
ellos estuvieron implicados. Sin embargo, todos pagaron por la sospecha. El
hecho de ser opositores al régimen colonial y, además, de participar de
tertulias y discusiones salidas del discurso dominante los hacía poco
confiables e indeseables.
Los
pasquines sediciosos y los Derechos del Hombre hacían parte de un hecho
político. No obstante en el caso de los pasquines, al igual que lo que ha sido
el graffiti, el humor y la ironía provocaban cercanía con el pueblo y, por lo
tanto, temor en las autoridades. ¡La pluma siempre será más fuerte que la
espada!
Fuente: https://www.senalmemoria.co/articulos/pasquines-en-santafe-de-bogota
Los pasquines en el Perú (siglos XVIII y XIX) -
Fragmento.
Resumen: después de mediados del siglo XVIII, el
virreinato del Perú inició un conjunto de reformas administrativas, acorde a
los requerimientos de la monarquía borbónica española. estas reformas afectaron
a los diversos sectores sociales, principalmente criollos, mestizos e indios.
ello trajo consigo un conjunto de protestas y rebeliones, muchas de las cuales
se expresaron, entre otros, en los pasquines anónimos contra las autoridades
españolas, a diferencia de los periódicos oficiales que se caracterizaron por
no hacer conocer los malestares y las rebeliones sociales que se extendieron en
el alto y Bajo Perú hasta los inicios del siglo XIX.
1. Introducción
Los pasquines son
medios de comunicación escritos de carácter anónimo. La mayor parte de estos
surgió en el sur andino del Perú, manifestando su poder en la conciencia y en
la práctica social contra las autoridades de turno del siglo XVIII y comienzos
del siglo XIX. Los pasquines del siglo XVIII fueron un medio de comunicación
anónimo y breve, cuyos mensajes amenazantes y hasta infames estaban dirigidos
contra alguna autoridad política o administrativa de turno. Se presentaron como
escritos públicos con una rica y sugerente fuente de información social,
política y cultural. Asimismo, conformaron un repertorio documental importante
que traslucieron conflictos sociales, protestas y aspiraciones en escenarios
locales o regionales. Los pasquines fueron escritos que expresaron los
malestares sociales, mediante la opinión y la crítica, enfatizando su afán
contestatario contra algo o alguien. Los pasquines tuvieron claros propósitos
de protesta, sin dejar de ser persuasivos e incluso hasta subversivos.
El estudio del
pasquín demanda optar por una estrategia para esclarecer la inmanencia textual,
sin perder sus efectos sociales, en un horizonte comprensivo y explicativo
cualitativamente para hallar los rasgos y características comunes. Esta
estrategia metodológica obliga inductivamente asediar los hechos en conjuntos
intertextuales, cuyas homologaciones y paralelismos permiten conocer los
significados del “pasquín” en su entorno histórico, ayudando a revelar su
existencia, necesidad y proyección en un ámbito contradictorio y conflictivo
históricamente. Desde antes de mediados del siglo XVIII, las publicaciones
impresas adquirieron reputación como fuente y testimonio de verdad histórica,
contrastando con el masivo analfabetismo indígena y la cultura oral expresada
en lenguas vernaculares (quechua y aymara), además de la comunicación informal
escrita como ocurrió con los pasquines del Alto y Bajo Perú. Sin embargo, poco
después de ese período, gran parte de los pasquines manifestaron
comportamientos antirreformistas y antifiscales, antes que cualquier otra
intención o práctica anticolonial. Sólo cumplieron la función de protesta y
acusación crítica y hasta injuriosa contra las autoridades coloniales. En este
ámbito sociopolítico, de múltiples tensiones sociales, los pasquines
constituyeron una estrategia comunicativa al mostrar la protesta y hasta la
sedición, dejando abierta una posible conciliación o arreglo a la mala gestión
de las autoridades españolas. En este ambiente, el pasquín cumplió una
significativa función comunicativa que se prolongó hasta inicios del siglo
siguiente con mensajes radicales y ambiciosos.
La comunicación
informal en el Perú tuvo múltiples expresiones escriturales. El “pasquín
anónimo”, de violenta expresión lingüística, fue una de ellas en una coyuntura
de crisis política y económica que afectó a los criollos y mestizos de los
espacios urbanos y rurales del sur andino, donde la población carecía de
imprentas y periódicos para testimoniar sus inquietudes, reclamos y protestas
públicas contra los abusos de las autoridades españolas. Estos impresos
circulaban principalmente en la capital del Virreinato del Perú, libres del
control y de la censura previa por parte de la Inquisición y la Real Audiencia.
El pasquín ya estuvo
presente en Europa del siglo XV, proliferando intensamente en la España del
siglo XVIII y en sus colonias americanas, particularmente en el Perú a
consecuencia de las reformas borbónicas. Las movilizaciones campesinas de
Granada mostraron sus violentas protestas mediante el “pasquín anónimo”.
Gonzáles Cruz (2009: 83) también refiere su presencia en Sevilla al mostrar un
incisivo pasquín en forma de soneto, ridiculizando a Carlos de Austria, jefes
militares y al ejército aliado.
(...)
4. La expresión
El
pasquín del siglo XVIII estaba escrito en verso o en prosa, otros se
acompañaban de imágenes gráficas o dibujos. No faltaron aquellos pasquines que
iniciaban cada verso con letra mayúscula o capital. En algunas oraciones, estas
grafías se constituían en acrósticos alusivos al apellido al iniciar cada verso
y la escritura de trazos rígidos que se encubrían deliberadamente de la
escritura original. En efecto, los pasquines traían un lenguaje breve y puntual
para ser leído, aprehendido, copiado, memorizado y hasta repetido, facilitando
la difusión y comprensión de su mensaje. Su lectura sólo era para unos pocos
monolingües (castellano) o bilingües (castellano quechua o castellano aymara),
pero la oralidad también permitía extender su mensaje en un ámbito social donde
la población analfabeta tenía como lengua común el quechua o el aymara.
Los pasquines estaban
escritos por criollos y mestizos que también dominaban las lenguas vernaculares
o nativas. Después difundían su mensaje en el universo urbano y rural donde se
evidenciaba la inconformidad social ante el mal manejo del Gobierno colonial.
Los pasquines sirvieron, por entonces, como efectiva arma de comunicación para
mostrar la queja y contribuir a la concretización de la opinión pública.
(...)
5. El tono del pasquín
El pasquín expresaba
los estados de ánimo saturados, cargados de ironía y ansiedad de sus autores
anónimos. Generalmente su tono se presentó en dos modalidades: el pasquín “de
tono crítico” y el de “tono mesurado”. Ambos tonos estuvieron presentes en el
Alto y Bajo Perú, generando un gran impacto divulgativo.
a) El pasquín de tono crítico: casi siempre
manifestó un tono enfático y directo. Fue significativa su presencia en el Alto
y Bajo Perú (Charcas, La Paz, Puno, Cuzco, Arequipa, Moquegua y otros). Se
abocó a la denuncia, infundiendo el miedo y el pánico social7 entre las
autoridades españolas y sus familias.
El pasquín estuvo
presente con un lenguaje acusatorio y sentencioso, cargado casi siempre de
burla y sátira, denotando un tono agresivo, sentencioso y violento. Esta
agresividad se hizo más incisiva y extensiva al tener diversas versiones y
colocaciones en diversas partes de la ciudad de Arequipa, tal como ocurrió con
otro pasquín amenazante contra Sematnat y Juan Bautista Pando (jefe de
Aduanas), quien había viajado desde Lima con un grupo de funcionarios para
cobrar los impuestos.
Los problemas
políticos, económicos y sociales se agravaron conforme transcurrían las últimas
décadas del siglo XVIII. Los pasquines ya no sólo denunciaban a las autoridades
por los impuestos fiscales y otros, sino que también manifestaban su afán de
cambio social y algunas medidas para lograr su concretización.
b) El pasquín de tono mesurado: raras veces el
pasquín mostró mesura o pasividad en su mensaje. Si bien pudo atemperar su
estilo, nunca dejó de lanzar quejas, amenazas y advertencias a las autoridades
de turno. Siempre identificaba a su atacante con nombre propio, caricaturizando
a sus opositores hasta el ridículo, sea por los defectos físicos, morales e
intelectuales que estos poseyeran.
6. Composición formal del pasquín
Su estructura no fue
homogénea: se presentó en verso o en prosa, acompañado con imágenes que se
imponían en el texto escrito.
a) Pasquines en prosa: en el siglo XVIII e inicios del siglo
XIX existieron pasquines escritos en prosa, pero fueron menos frecuentes que
los compuestos en verso.
b) Pasquines en verso: recogieron las protestas sociales del
Alto y Bajo Perú, conservando su estructura formal. Si bien no tuvieron
intención estética, asimilaron algunos recursos literarios como esta pieza
reseñada por Galdós Rodríguez (1967: 66): “Quintos, repartos y aduanas sólo
queremos quitar más los reales alcabalas”.
c) Pasquines con imágenes: aparecieron otros
pasquines escritos que adjuntaban imágenes llamativas y sencillas, aunque
impactantes comunicativamente y dirigidos a la conciencia social. Los pasquines
como forma de comunicación escrita (sea en prosa o verso) mantuvieron una
denuncia crítica y sistemática contra las autoridades y el régimen colonial en
general. No hay duda que contribuyeron a establecer un escenario de
concientización social que desencadenaría posteriormente la Independencia del
Perú.
(...)
Fuente: https://www.correspondenciasyanalisis.com/pdf/v2/pe/1_pasquines.pdf
O Pasquim (1969-1991)
O
Pasquim era un semanario fundado en Río de Janeiro en 1969. Inicialmente
imaginado por el caricaturista Jaguar como el boletín de barrio de Ipanema,
pronto se convirtió en un fenómeno nacional. Famoso por su papel como el
tabloide de oposición al régimen militar de mayor éxito en Brasil, O Pasquim
utilizó el humor para criticar la coerción política y la violación sistemática
de los derechos humanos por parte de la dictadura brasileña. Financiado por
Murilo Reis, O Pasquim comenzó con la distribución de 10.000 ejemplares, pero
su tirada alcanzó más de 200.000 ejemplares a principios de los años 1970.
El
periódico reunió a una nueva generación de artistas muy críticos con la
situación política de Brasil, entre ellos Millôr Fernandes, Ziraldo, Jaguar,
Martha Alencar, Sérgio Noronha, Moacir Scliar, Newton Carlos, Chico Buarque,
Caetano Veloso, Ferreira Gullar, Glauber Rocha e Cacá Diegues. Su estilo
coloquial transformó profundamente el lenguaje del periodismo brasileño. La
publicidad ocupó el 25% de las páginas del periódico, que fue comprado
principalmente por los hijos e hijas de la clase media brasileña. Muchos de sus
informes y caricaturas políticas más interesantes fueron censurados por la
dictadura militar, cuya policía invadió la sede del Pasquim en noviembre de
1970 y arrestó a casi todos sus periodistas. El periódico se convirtió entonces
en un símbolo de resistencia de la sociedad civil ante el autoritarismo del
Estado. Aunque O Pasquim cerró sus operaciones en 1991, todavía es considerado
el periódico alternativo de mayor longevidad en Brasil.
Fuente: https://library.brown.edu/create/brasiliana/pasquim-2/
La Mala Hora y los pasquines
"Aquella
tarde, el padre Ángel observó que también en la casa de los pobres se hablaba
de los pasquines, pero de un modo diferente y hasta con
una saludable alegría". - La Mala Hora (Gabriel García Márquez).
Insisto
en el carácter casi profético de la obra de García Márquez. Espero que quien
lea La Mala Hora no se deje afligir por un vaticinio pesimista.
“El
padre Ángel se incorporó con un esfuerzo solemne. Se frotó los párpados con los
huesos de las manos, apartó el mosquitero de punto y permaneció sentado en la
estera pelada, pensativo un instante, el tiempo indispensable para darse cuenta
de que estaba vivo, y para recordar la fecha y su correspondencia en el
santoral. “Martes cuatro de octubre”, pensó; y dijo en voz baja: “San Francisco
de Asís””. Con estas palabras comienza LA
MALA HORA, de García Márquez; y con ellas inicié yo el día martes cuatro de
octubre de 2016. La extraña coincidencia me estremeció y me impidió soltar el
libro hasta cuando lo terminé, el día en que el presidente Santos ganó el
nobel. Creo que lo que cuenta la novela no nos debería ser indiferente.
Es
tiempo de paz en el pueblo y las instituciones políticas y judiciales
despiertan de un letargo de décadas. La única institución que se ha mantenido
activa ha sido la Iglesia. El padre Ángel, adalid de la moral, ha luchado
incansable contra la pérdida de los valores y las buenas costumbres. Por su
incansable trabajo, el pueblo es ahora, aunque pobre, honesto. Ya no hay sino
pocos concubinatos, la iglesia está a reventar cada domingo y las películas de
cine son catalogadas desde “buenas para todos” hasta “malas”, según su grado de
inmoralidad. Todo está en orden: las luchas políticas han cesado, ya no hay
guerrillas en el monte, las familias se conservan intactas. Entonces llegan los
pasquines.
Pocos
mecanismos literarios me interesan tanto como los pasquines. Escritos anónimos
que se fijan en lugares públicos, de carácter satírico y contenido político o
personal, los pasquines son amenazadores del orden y desestabilizadores del
poder. Volvieron loco, por ejemplo, al pobre Supremo, el dictador perpetuo en
la monumental novela de Roa Bastos. En el pueblo de La mala hora, después de
años de conflicto entre los partidos políticos disputándose el poder y la
guerra de guerrillas colándose por todas partes, unos papelitos burlones
pegados en las puertas de la gente decente, logran desarticular la aparente paz
del pueblo.
Gracias
a la alarma que despierta los pasquines y su “terrorismo en el orden moral”, el
alcalde vuelve a la alcaldía, el juez al juzgado y las familias a recluirse en
su casa a las ocho de la noche tras el toque de queda. La pasquinada acaba con
la ilusión de sosiego, levantándose como una voz de protesta ante la farsa de
la moral, el orden y la paz. A causa de los pasquines una pareja de hombres
armados en cada esquina vela, otra vez, “en favor de la paz social”.
No
tengo una moraleja sobre la historia, simplemente el asombro que despierta leer
un libro sobre la paz, el poder, la moral y la comunicación anónima e
insidiosa, en estos tiempos de crisis social. Ya otros lo han dicho, pero
insisto en el carácter casi profético de la obra de García Márquez. Solo espero
que quien lea La mala hora no se deje afligir por un vaticinio pesimista, sino
que sepa leer en las palabras del primer nobel rasgos de una Colombia que no
podemos (volver a) tener.
Marcela Junguito
Camacho
Rectora
del Gimnasio Femenino
Fuente: https://www.portafolio.co/opinion/marcela-junguito-camacho/la-mala-hora-columnista-portafolio-501155 - Octubre 20 de 2016
EL PASQUÍN: EL DESCOSER DEL
TEJIDO SOCIAL DE UN PUEBLO SIN UNA RED DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN, CALAMAR -
BOLÍVAR
TESIS DE GRADO DE LUIS
CARLOS CAMPO GÓMEZ, JULIS CARMONA HENRIQUEZ, ANA MARÍA CUESTA Y RODRÍGUEZ
JASSIR ELJACH NORIEGA para
optar al título de Comunicadores Sociales con énfasis en Periodismo y Cultura - Universidad de Cartagena - Bolívar. 2010
(Fragmento)
En
Colombia, el pasquín se caracterizó por la lírica y respeto por la gramática y
ortografía, cuyo contexto estuvo en los tiempos de la república y la
independencia. Sobre su uso social, Daniel Samper Pizano los
llama el Twitter de la Nueva Granada, puesto que denunciaron la opresión
española. Muchos de éstos circulaban de mano en mano y otros amanecían pegados
en los muros principales de la ciudad. Los pasquines ya habían surgido durante
la revolución comunera, por ejemplo esta perla: El 18 de agosto de 1794, cuando
el virrey José Manuel Ezpeleta salió a descansar a Guaduas con su familia, los
santafereños encontraron el siguiente pasquín en verso: “Si no quitan los
estancos, si no cesa la opresión, se perderá lo ganado, tendrá fin la
usurpación”.
En
este mismo contexto, la periodista Natalia Silva Prada en su artículo Los
pasquines en el Nuevo Reino de Granada, pone en limpio, para quienes consideran
que los pasquines son actos populares y de mal gusto, que en cuanto a sus
autores predominan miembros del clero y personas vinculadas a los tribunales,
es decir, gente letrada y partícipes directos de la “alta cultura”. No se trata
entonces de productos de alguna “cultura popular”. El anonimato de los
pasquines encubría la personalidad de gente de honor que defendían sus
intereses de grupo frente a determinados agravios.
Casi
doscientos años después, Gabriel García Márquez relata fielmente la
proliferación de los pasquines en los pueblos del Caribe colombiano en los años
cuarenta y cincuenta, que contaban, por cierto, cosas que todo el mundo sabía.
El relato de los pasquines que ponen en movimiento las acciones y agitan la
vida emocional del pueblo según el Padre Ángel, se ha convertido en un caso de
“terrorismo en el orden moral”.
Finalmente
en Calamar – Bolívar, encontramos que la memoria oral del municipio ubica la
incursión del pasquín en el período histórico de La Hegemonía Conservadora, en
donde a través de este medio se hizo visible la lucha difamatoria bipartidista
que se vivió en esta población. Sin embargo, sobre su utilización actual, se
dice que a partir de la administración municipal (2008) empezaron a circular
pasquines que en vez de criticar la labor de los funcionarios públicos, han
venido a lesionar la vida del municipio.
Fuente: https://repositorio.unicartagena.edu.co/bitstream/handle/11227/1023/El%20paquin%2C%20el%20descoser%20del%20tejido%20social%20de%20un%20pueblo%20sin%20una%20red%20de%20medios%20de%20comunicacion.pdf?sequence=1&isAllowed=y#:~:text=El%20Asunto%20de%20los%20Pasquines,Francia%20como%20Tours%20y%20Orleans.
Pasquines,
cartas y enemigos: Cultura del lenguaje infamante en Nueva Granada y otros
reinos americanos, siglos XVI y XVII
Silva
Prada, Natalia
Editorial
Universidad del Rosario, 30/05/2021 - 283 páginas

El
objetivo de esta obra es sistematizar los significados de las voces y gestos
que mediaron los conflictos ocurridos en Hispanoamérica en los siglos XVI y
XVII. Aunque aparentan ser resultado de momentos caóticos, expresan en
conjunto, el valor dado en aquella época al privilegio, al honor y al
prestigio. El estudio de los lenguajes verbales, simbólicos y de
representación, pretende comprender mejor a la sociedad en la que se originaron
las diversas formas del insulto, así como las estrategias de que la gente se
valía para su manifestación y publicación. La aproximación al problema desde la
historia cultural permite a la autora hacer visibles las diversas aristas del
poder, la ambición, la sexualidad y las expectativas sociopolíticas de los
vasallos americanos de la monarquía española: funcionarios, eclesiásticos y
gente común. En los nueve capítulos del libro se exploran las formas que podía
asumir el lenguaje de la pasión presente en cartas, grafiti, libelos infamatorios,
objetos infamantes y muertes atroces.
El
cuarto capítulo "La escritura subversiva", se ocupa del graffiti y
de los pasquines. Después de definir las características de las injurias
escritas o dibujadas en las paredes y de señalar su antigüedad, los trata como
prácticas sociales y actos políticos, como escrituras reivindicativas. El graffiti que
viene desde tiempos mesoamericanos. Estaba en los muros, situado a la altura de
los ojos y de las manos; el pasquín se encontraba también a la vista del
público, expuesto en lugares públicos o privados, ambas son escrituras
expuestas, marginales y subversivas, porque atentaban contra las normas sociales
y contenían palabras pronunciadas, como lo señala la autora, "desde el
otro lado del espejo". Resulta interesante aprender quiénes eran los
autores de los pasquines: conquistadores, encomenderos, factores, arzobispos,
inquisidores, clérigos, oficiales reales, escribanos y eclesiásticos. También
se ocupa del estudio de los pasquines anti fiscales, escritos por la ira que
desataba el cobro de la alcabala en varios territorios (Lima, Tunja, Cuzco, La
Paz, México), lo que siempre fue tema de conflicto en diferentes intensidades y
lo que pone en evidencia las complejas manifestaciones de la cultura política
del antiguo Régimen.
Reseña de Adriana
María Alzate
Echeverri
Reseña de Hector Cuevas Arenas
El asunto de los pasquines en Francia (siglo XVI)
El
asunto de los pasquines (l' affaire des placards) fue un acontecimiento que se
produjo en Francia la noche del 17 al 18 de octubre de 1534 y que precipitó
los acontecimientos que terminaron en las Guerras de Religión.2 El asunto
supuso el fin de las políticas de conciliación de Francisco I, que
anteriormente habían intentado proteger a los protestantes de las más extremas
medidas del Parlamento de París, y generó también los ruegos públicos de Felipe
Melanchthon invitando a la moderación.345
Los placards fueron unos escritos que se pegaron por las calles de París y de otras ciudades de Francia como Tours y Orleans dicha noche. Estos pasquines fueron fijados incluso en la puerta del dormitorio del rey Francisco I de Francia en el palacio de Amboise. Los pasquines estaban titulados "Artículos verdaderos acerca de los horribles, grandes e insoportables abusos de la misa papal, inventada directamente contra la Sante Cena de nuestro Señor, único mediador y único Salvador Jesucristo". Los escritos sostenían la posición de Ulrico Zuinglio, quien defendía que la presencia de Cristo en la Eucaristía es simbólica. Como el evocador título sugiere, atacaron la doctrina de la transubstanciación.6
Su autor era Antoine Marcourt, pastor de origen picardo de Neuchâtel, y fueron impresos por Pierre de Vingle.78
Como respuesta, Francisco I hizo profesión de fe católica e inició la represión de los protestantes, obligándolos a exiliarse y desencadenando una época turbulenta que no cesaría hasta la promulgación del Edicto de Nantes por parte del rey Enrique IV de Francia en 1598.8
Referencias:
1.
↑ Bennassar, B.; Jacquart, J.; Blayau, N.;
Denis, M.; Lebrun, F. (11 de mayo de 2005). Historia
moderna. Ediciones AKAL. ISBN 9788476009901. Consultado el
5 de julio de 2017.
2.
↑ «Iglesia
Evangélica Pueblo Nuevo». www.iglesiapueblonuevo.es. Consultado
el 5 de julio de 2017.
3.
↑ Rodríguez, José Cantón (13 de febrero de
2009). La
Religión ante la Tercera República Española Tomo I. Editorial Club
Universitario. ISBN 9788484547006. Consultado el
5 de julio de 2017.
4.
↑ 50Minutos.es (24 de marzo de 2017). La
Reforma protestante: La respuesta a los abusos del catolicismo.
50Minutos.es. ISBN 9782806277558. Consultado el
5 de julio de 2017.
5.
↑ Ignaciana, Grupo de Espiritualidad
(2007). Diccionario
de espiritualidad ignaciana. Editorial SAL TERRAE. ISBN 9788429317091. Consultado el
5 de julio de 2017.
6.
↑ Cottret, Bernard (2002). Calvino:
la fuerza y la fragilidad : biografía. Editorial
Complutense. ISBN 9788474916713. Consultado el
5 de julio de 2017.
7.
↑ Febvre, Lucien; Martin, Henri-Jean
(2005). La
aparición del libro. Libraria. ISBN 9789685374095. Consultado el
5 de julio de 2017.
8.
↑ Saltar
a:a b 50Minutos.es
(29 de septiembre de 2016). Juan
Calvino: La Reforma Protestante. 50Minutos.es. ISBN 9782806278463. Consultado el
5 de julio de 2017.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Asunto_de_los_pasquines