20240107

La revolución de los consumidores

 



El 17 de mayo el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) emitió cuatro sentencias (dos de España, una de Italia y otra de Rumanía) que significan un salto cualitativo a favor de los derechos de los ciudadanos.

 

Por Andreu Missé

Junio 2022 / 103

 

El 17 de mayo el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) emitió cuatro sentencias (dos de España, una de Italia y otra de Rumanía) que significan un salto cualitativo a favor de los derechos de los ciudadanos. En sustancia, estas resoluciones judiciales establecen que las leyes nacionales no pueden impedir que un juez deba examinar de oficio en cualquier momento si hay cláusulas abusivas en un contrato. Subrayan que el derecho europeo está por encima de las normas nacionales y garantizan que la protección de los consumidores sea efectiva.

 

Una de las sentencias hace referencia a las cláusulas suelo* de las hipotecas, un asunto que en España ha afectado a millones de familias y que lleva 12 años arrastrándose por los tribunales desde su primera sentencia del Juzgado Mercantil 2 de Sevilla, de 2010. La causa de una tardanza tan incomprensible se debe a los errores del Tribunal Supremo y a la legislación española, que dificulta a los ciudadanos el pleno ejercicio de sus derechos. En 2013 el Alto Tribunal limitó la devolución del dinero que indebidamente habían cobrado los bancos con el engaño de las cláusulas suelo con el argumento de garantizar la estabilidad del sistema financiero. El TJUE anuló tal limitación en 2016. Pero los bancos siguieron con sus tropelías, modificaron las cláusulas suelo en lugar de eliminarlas y se ampararon en las normas procesales para impedir que los perjudicados pudieran recuperar todo su dinero. Ahora el TJUE ha acabado con todas las trabas y permite a los afectados reclamar lo que se les debe.

 

 El papel de la ciudadanía

 

El derecho de los consumidores es mucho más relevante que lo aparentemente indica su nombre. Afecta a derechos constitucionales como el de la vivienda. Al amparo de la directiva sobre cláusulas abusivas de 1993, el TJUE declaró en 2014 que el derecho a la vivienda es un derecho fundamental. Durante la última década el derecho europeo ha revolucionado derechos esenciales que han obligado a modificar leyes y la jurisprudencia de varios países. En España, por ejemplo, hasta 2013 se podía tramitar un desahucio por el impago de un solo plazo de la hipoteca, mientras que ahora se precisan 12 incumplimientos.

 

Los recursos públicos destinados a la vivienda siguen muy por debajo de la media europea.

 

Las reivindicaciones ciudadanas son aún el principal motor para ganar derechos.

 

Lo más relevante de esta revolución silenciosa de los derechos de los consumidores es el destacado papel de los ciudadanos, asociaciones de consumidores, plataformas y determinados abogados y jueces. Los ciudadanos son cada vez más conscientes de sus derechos. En la última década se han presentado 4,9 millones de reclamaciones ante las entidades financieras y 713.129 demandas judiciales ante los tribunales. Se han dictado 420.154 sentencias, que en el 97,4% han sido condenatorias para la banca.

 

A pesar de la lentitud de los tribunales, sus resultados han sido mucho más satisfactorios que los arbitrajes organizados por el Gobierno del PP por la estafa de las preferentes. De las 420.290 solicitudes, fueron rechazadas 131.795. También han sido un fracaso en las cláusulas suelo. Desde junio de 2017  hasta febrero pasado se han presentado 1.242.670 solicitudes, de las que 440.988 han sido inadmitidas y 243.223 desestimadas. Las solicitudes aceptadas han sido 542.766, que han permitido recuperar 2.426 millones de euros. Es una cifra muy inferior a las estimaciones del Banco de España, que cifró en 7.600 millones el impacto que habría tenido para la banca la devolución de lo ingresado por estas cláusulas.

 

Los avances en el terreno judicial no pueden confundirse con la solución del grave problema de la vivienda. Los dramas de los desahucios y los suicidios continúan. El pasado 18 de mayo dos hermanas, de 70  y 79 años, fueron halladas sin vida en el piso que habitaban en Santander. Los hechos ocurrieron el mismo día en iban a ser expulsadas de su casa.

 

El problema de la vivienda en este país está estrechamente relacionado con la falta de equipamientos sociales. A pesar de los planes del Gobierno para los próximos años, que supondrán la inversión de 7.000 millones de euros en tres años gracias a los fondos europeos, los recursos públicos siguen estando muy por debajo de muchos países europeos. Las reivindicaciones de los ciudadanos siguen siendo el principal motor para ganar derechos y elevar el gasto público necesario.

 

Fuente: https://alternativaseconomicas.coop/articulo/editorial/la-revolucion-de-los-consumidores


*¿Qué son las cláusulas suelo?

 

Cuando se acude a una entidad bancaria para solicitar un préstamo hipotecario, se tiende a analizar qué tipo de interés (fijo o variable) es el que puede convenir más a la hora de proceder al pago al banco de las diferentes cuotas. En el tipo fijo, se pagará siempre la misma cuota (se paga la misma cantidad mes a mes). En el tipo variable las cuotas a pagar suelen consistir en la aplicación de un índice de referencia fijado por el Banco Central Europeo (normalmente euríbor) más un porcentaje relativo, siendo el interés que se aplicará la suma de ambos.

 

La cláusula suelo es un tipo de cláusula que una determinada entidad financiera puede incluir en un contrato de préstamo hipotecario a interés variable y que establece el tipo de interés mínimo que la clientela pagará aunque el euríbor (referencia para la mayor parte de las hipotecas de España) esté por debajo, todo ello con la finalidad de evitar que la clientela pueda beneficiarse de bajadas de los tipos por debajo del porcentaje fijado de cláusula suelo.

 

Con la cláusula suelo se prevé que, aunque el tipo de interés baje por debajo de un determinado umbral (suelo), que se establece en el propio contrato, la persona consumidora seguirá abonando lo correspondiente a ese umbral y no a la oportuna cantidad en virtud de la bajada del euríbor.

Fuente: https://www.consumoresponde.es/clausulas-suelo


20240105

CONSUMO Y CIUDADANÍA

 

Luis Enrique Alonso Benito

En las sociedades occidentales contemporáneas las prácticas de consumo ocupan el eje fundamental del proceso de articulación entre la producción y la reproducción social. Sin embargo, el consumo ha tenido, paradójicamente, un lugar relativamente periférico (por pasivo y sobredeterminado) en la discusión política contemporánea. Por ello, en todo proyecto de análisis e intervención social es necesario sacar al consumo de cualquier a priori reduccionista y apostar por una visión teórica que se proyecte sobre el campo concreto -y complejo- de las prácticas adquisitivas reales, conectadas, a su vez, con la posición social de los diferentes colectivos en el proceso de trabajo y con sus luchas por definir tanto la distribución material como el reconocimiento cultural en sus contextos institucionales de referencia.

El consumo es un hecho social total -en la clásica acepción del concepto del sociólogo y antropólogo francés Marcel Mauss-, pues es una realidad objetiva y material, pero es, a la vez, e indisolublemente, una producción simbólica, depende de los sentidos y valores que los grupos sociales le dan a los objetos y las actividades de consumo.

El consumo como práctica social

El consumo es, así, una actividad social cuantitativa y cualitativamente central en nuestro actual contexto histórico. No sólo porque a él se dedican gran parte de nuestros recursos económicos, temporales y emocionales, sino también porque en él se crean y estructuran gran parte de nuestras identidades y formas de expresión relacionales; el consumo es un campo de luchas por la significación de los sujetos sociales que arranca del dominio de la producción, pero que no la reproduce mecánicamente sino que con una cierta autonomía, produce y reproduce poder, dominación y distinción. Dado, además, el grado de madurez y complejidad que ha alcanzado hoy en día la llamada sociedad de consumo, resultan un tanto inútiles, por insuficientes, las posiciones más o menos tradicionales y ya casi testimoniales del consumo como alienación, manipulación cierre o control del universo social, típica de la teoría crítica de raíz moral, o su reverso simétrico, el consumo como soberanía, libertad total y riqueza, característica de la presentación liberal del individualista homo economicus. En ambas se deja sin espacio al sujeto social y sus lógicas de confrontación, dominación, resistencia y cambio.

De esta manera, el consumo tiene una dimensión de política concreta, de lucha desigual por la distribución del excedente y el sentido realizada por grupos sociales históricos, no es sólo la agregación de preferencias de un agente abstracto libre e individual como se pretende en la teoría de la elección racional, ni tampoco es sólo el síntoma de la alienación total, material y simbólica que impone un capitalismo todopoderoso a un hombre unidimensionalizado, sin atributos ni poderes, típico del mundo interpretativo del marxismo culturalista occidental de postguerra. Más bien hay que considerar al consumo como uso social, esto es, como forma concreta, desigual y conflictiva de apropiación material y utilización del sentido de los objetos y los signos que se producen en un campo social por parte de grupos sociales con capitales (económicos, simbólicos, sociales, culturales) distintos y desde posiciones sociales determinadas por el proceso de trabajo.

Manejando el concepto de uso social (por cierto con no poca tradición en las ciencias sociales modernas) nos planteamos observar el consumo en una doble cara, como reproducción de la estructura social, pero también como estrategia de acción. Las formas de consumo son concretas para cada colectivo -son usos sociales- en un marco espacial y período temporal determinado y nos remiten tanto a los sistemas económicos de acumulación como a las prácticas reales de sujetos que en sus estrategias tratan de reproducir, aumentar o explotar los capitales de todo tipo asociados a cada posición social y sus antagónicas. El consumo se conforma, como nos ha recordado reiteradamente el sociólogo francés Pierre Bourdieu, en habitus, es decir, es una posición social hecha práctica -y reflexivamente una práctica hecha posición social- y nos remite al proceso de estructuración en que los actores expresan su posición en el sistema social, puesto que las propiedades estructurales del sistema de consumo son a la vez condiciones y resultados de las prácticas conflictivas realizadas por los actores buscando aumentar su dominio (o su resistencia) en el campo de la reproducción social.

El consumo como práctica social concreta sintetiza un conjunto múltiple de fuerzas: la distribución de rentas originadas en el proceso de trabajo, la construcción de las necesidades reconocidas por parte de los consumidores, la búsqueda de beneficio mercantil, los discursos y el aparato publicitario, la conciencia de los grupos sociales reales, las instituciones formales e informales, la emulación e imitación social, los movimientos colectivos, etc. Pero, todo ello indica que es necesario enmarcar el modo de consumo en el modo de regulación jurídico y económico (como conjunto estabilizado de esquemas normativos y de convenciones sociales) que reproduce socialmente las condiciones para la producción de mercancías y la acumulación de capital.

El consumo como política y las políticas de consumo

Todos estos procesos nos permiten apreciar que debemos plantear una auténtica política del consumo, pues estamos ante una práctica que es imposible que sea relegada a un segundo término o considerada un simple efecto residual o secundario de otras dinámicas sociales, económicas o políticas consideradas más importantes. En este sentido, el consumo se ha convertido en una fuente de bienestar (público y privado), pero, de la misma manera, en un parte importante de la producción de riesgos también individuales y colectivos: la materialización y ampliación de las desigualdades sociales, las recientes y preocupantes catástrofes y envenenamientos alimentarios, los efectos no seguros de los procesos de artificialización, los impactos ecológicos sobre nuestro entorno, el simple fraude comercial o las malas prácticas de mercado son un primer umbral que marca la necesidad de control, seguimiento y vigilancia social y política de los procesos de consumo, más allá de la estricta compraventa. Pero, además, el consumo actual es un elemento primordial en la construcción de las identidades sociales y los estilos de vida. Una sociedad que no reflexiona sobre sus formas de consumo está abocada a perder el control de lo que de positivo y negativo hay en él para la construcción o destrucción de redes y vínculos equitativos de socialidad en (y entre) los grupos sociales.

Una sociedad sin consumo es imposible, pero una sociedad centrada sólo en el consumo mercantil corre el peligro de convertirse en simulacro, de degradar y desgastar sus formas de solidaridad hasta convertirse en un simple agregado de egoísmos excluyentes. Es por esto que la reflexión política, la participación de los actores sociales y la educación -formal e informal- para el consumo, se convierten en un aspecto ineludible para una sociedad que ha hecho de esta actividad su santo y seña vital, y debe conjurar con esta política del consumo, los riesgos (morales, sociales, económicos y hasta medioambientales y para la salud) de que la sociedad esté al servicio del consumo como en el paradigma del mercado total y no el consumo al servicio de la sociedad, como debe ser en el ideal de cualquier comunidad democrática. El consumo puede ser una forma racional de desarrollo de las capacidades humanas generales y no un simple elemento de utilización de estas capacidades a favor de la rentabilidad privada.

Consumismo y consumerismo

Después de los argumentos de la sociología crítica de los años cincuenta y sesenta contra el consumismo impulsado por el neocapitalismo triunfante de mediados del siglo XX -considerando este consumismo como la programación de deseos y necesidades por un mercado oligopolista que arrojaba a un consumidor alienado a la compra dispendiosa y el derroche organizado-, en los años setenta comenzó a aparecer una abundante literatura teórica sobre el consumerismo, sus prácticas y sus movilizaciones. El consumerismo, como concepto, hace referencia a los comportamientos individuales y colectivos que tratan de limitar el poder de la oferta en el mercado, racionalizando el comportamiento de los agentes en la compraventa, así como regulando y salvaguardando los derechos económicos, cívicos y sanitarios de los consumidores.

El consumerismo, por tanto, se conecta con un conjunto de valores que tienden a movilizar recursos y formar fenómenos de acción colectiva que sin negar la racionalidad básica del mercado tratan de evitar, en un primer alcance, el fraude en la relación de compraventa, y, en un segundo nivel, toda práctica de consumo que suponga un riesgo de cualquier tipo para el comprador en particular y para la sociedad en su conjunto; impidiendo con ello el abuso de la posición de dominio en el mercado que puede tener un determinado productor o distribuidor. El consumerismo ha dado lugar a un importante movimiento de defensa de los consumidores que con más o menos radicalismo, y con grados de institucionalización muy diferentes según países, se ha convertido en un actor presente y en algunos momentos influyente en el espacio sociopolítico occidental, abriendo espacios de participación grupal o colectiva, pero también abriendo importantes canales de relación entre los sujetos individuales y las administraciones públicas, por medio de un buen número de procesos de protesta, reclamación y demanda privada de indudable repercusión jurídica y en ciertas ocasiones, incluso, de modificación de la opinión pública.

En los últimos años se ha puesto en contacto el tema del consumerismo con la idea de la formación de un “nuevo consumidor” o un “consumidor postmoderno”. El consumerismo sería, así, el espíritu de un nuevo capitalismo cognitivo, una actitud naturalizada y desapasionada con respecto a la dinámica del mercado de un actor social que convierte en práctica de consumo todas sus actividades de la vida cotidiana, pero que no por ello renuncia a la demanda activa de mayores seguridades y prestaciones en las mercancías y a una mejor relación calidad-precio en sus actos de compra. Lo que indicaría que después del consumidor voraz del capitalismo industrial, los procesos de mayor complejización, reflexividad y conocimiento de la actual sociedad postmoderna habrían producido un consumidor que ha llegado a ajustar su comportamiento no a la racionalidad abstracta del ideal del mercado, ni tampoco a su crítica o rechazo ético, sino a una lógica situacional de adaptación entre cínica y realista a la lógica del mercado, no por ello exenta de posibilidades expresivas, así como de momentos de protesta, participación, aprendizaje y limitación del poder de la producción.

Por lo tanto nuestra sociedad de consumo ha cambiado y madurado, este llamado por la literatura especializada nuevo consumidor -un consumidor responsable, interesado en la seguridad, la simplicidad, los efectos sobre la salud, la buena relación calidad-precio, la información y el aprendizaje de los códigos ya muy complejos de los mercados de productos- parece que con su pragmatismo y conocimiento tiende hoy a desplazar a cualquier figura estereotipada de un consumidor absolutamente dominado o absolutamente libre. Pero este nuevo consumidor es imposible de manera individual y aislada, sólo pensado y construido desde el ámbito de lo político (en el sentido de la construcción de nuestras alternativas de vida en común) puede tener una realidad consistente. Así, sólo la participación, la educación, la movilización social y el conocimiento de nuestro ámbito real de elección en el mercado pueden racionalizar la esfera del consumo, esfera que dejada a la dinámica mercantil privada pura, tiende al caos y al autobloqueo. El mundo de la vida cotidiana es el ámbito moderno del consumo, pero también el marco de creación de nuevos movimientos sociales, de formas de convivencia, de métodos de conocimiento y autoconocimiento. El proceso de consumo está incrustado en todos los mecanismos de funcionamiento del mundo de la vida, y no sólo en el mercado, tampoco puede ser el agujero negro que absorba todas las riquezas y las energías sociales. Bienestar, educación, salud y consumo no son elementos aislados y externos que coinciden sólo en la mente de los teóricos, son facetas de la ciudadanía misma en todas sus dimensiones y, por ello, deben ser uno de los centros de la planificación, y la participación, en la toma de decisiones de las políticas públicas a partir de demandas y necesidades sociales institucionalmente atendidas.

Luis Enrique Alonso Benito es profesor de sociología en la Universidad Autónoma de Madrid. Licenciado y Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid Becario de F.P.I. del Ministerio de Educación y Ciencia en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Económicas de la U.A.M entre 1980 y 1984. Desde 1984 hasta la actualidad, en el seno del Departamento de Sociología de la Facultad de CC. Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid -donde es Catedrático de Sociología y se ha encargado de impartir más de media docena de materias en él ámbito de la Sociología de la Empresa y de la Economía, dentro de las licenciaturas y diplomaturas de esa Facultad. Ha ejercido docencia internacional en las universidades de Southbank de Londres, París IX (Dauphine) y París I (Laboratoire Georges Friedmann), Xalapa (Veracruz, México) y La República del Uruguay. Especializado en Sociología Económica y en el análisis e investigación sociológica de los fenómenos de acción colectiva y movimientos sociales, ha dirigido investigaciones en el ámbito de la Unión Europea (programa Comett, DG5), acciones concertadas con la Universidad de Cardiff (programa British Council/Ministerio de Educación) y proyectos de la Dgicyt, entre otros. Además, ha publicado multitud de artículos en revistas, capítulos de obras generales y libros propios. En ENCUENTRO está publicado ¿Trabajo para todos?( 1996).

Este artículo ha sido publicado en el nº 29 de la revistaPueblos, diciembre de 2007.

 

20240101

Los derechos del hombre, sociedades secretas y la conspiración de los pasquines

 

Autor: Pérez Silva, Vicente

 

VICENTE PEREZ SILVA
Poco tiempo había transcurrido desde la fallida Revolución de los Comuneros, cuando ocurre otro suceso, esta vez, en el lugar donde tienen asiento las autoridades virreinales, episodio de singular trascendencia y repercusión que también tiene que ver con el origen de nuestra independencia de la corona española: la traducción y difusión de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional de Francia en agosto de 1789, documento que comienza con esta afirmación:

 

“Los representantes del pueblo francés, constituidos en la Asamblea Nacional, consideran que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos”.

 

Al contrario de la Revolución de marras, su protagonista ya no es el pueblo sino un hombre excepcional que, en medio de las adversidades brilló como pocos en la dura refriega contra las fuerzas del imperio español: don Antonio Nariño, llamado con acierto el “hombre de los infortunios”.

 

La historiadora Soledad Acosta de Samper, abre su Biografía del general Antonio Nariño, con estas palabras que, a nuestro parecer, enmarcan la vida, las ejecutorias y los padecimientos del gran precursor de nuestra independencia; pero, además, el traductor de los mencionados Derechos del Hombre y del Ciudadano y, por ende, el auténtico precursor de la libertad de pensamiento y de imprenta en los albores de nuestra vida independiente:

 

“Don Antonio Nariño era en el virreinato neogranadino el hombre más elocuente, más instruido, de mayores conocimientos prácticos, más liberal y generoso, más abnegado, más patriota y más amado entre los santafereños de cuantos existían entonces –en 1790–, en la capital de la Colonia. Su popularidad en Cundinamarca era general; desde el virrey en su palacio hasta el último artesano y labriego de la Provincia, todos le querían, le estimaban y escuchaban sus consejos ¡Y sin embargo a la vuelta de pocos años todo había cambiado! Las autoridades le proscribieron y confiscaron sus bienes; sus amigos le desconocieron unos y se ocultaron otros para no sufrir la misma suerte; su familia padeció pobrezas, después de haber gozado del primer puesto en la sociedad santafereña; el honor fue sospechado y la calumnia le persiguió hasta los últimos días de su azarosa existencia.

 

Cuando dicha historiadora nos dice que su biografiado fue “el hombre más elocuente y más instruido”, se impone traer a la memoria que, gracias a su padre, Vicente Nariño y a su abuelo materno, el intelectual y catedrático Manuel Bernardo Álvarez, Nariño, desde muy temprana edad disfrutó de una extraordinaria biblioteca en cantidad y calidad. Allí los libros de derecho, filosofía, gramática, historia y literatura. Sin que faltaran algunos libros prohibidos. Y entre todos, sorprenden las Aventuras de Don Quijote de la Mancha, en tres tomos. De aquí “la similitud que existe entre la vida y la muerte de Nariño, y la vida y la muerte de Don Quijote”. Similitud que nos deja entrever, al correr de castiza pluma, el cronista de la sabana de Bogotá, Tomás Rueda Vargas.

 

A este respecto, el escritor e historiador Enrique Santos Molano, una biblia en cuanto atañe con la vida de Nariño, a quien acertadamente considera “un filósofo de la revolución”, nos hace esta anotación:

 

“A sus estudios escolares de gramática y filosofía en el colegio de San Bartolomé, Nariño añadió una penetrante formación autodidacta en otros conocimientos. La sabia erudición que demostrara en los diferentes episodios de su agitada existencia enseña hasta dónde fueron intensas en análisis las lecturas a que se aplicó desde su niñez”.

 

 

Al valorar esta afortunada circunstancia, creemos que el eminente polígrafo y humanista Miguel Antonio Caro, tuvo sobrada razón al expresar, de manera tan lacónica como significativa, que “el verdadero origen de la independencia colombiana hay que buscarlo en la biblioteca de Antonio Nariño”. Ciertamente, aquí se halla la fuente en donde se nutrieron, acrecentaron y estimularon sus ideales de libertad; ideales por los cuales vivió y padeció la persecución y el destierro durante largos años.

 

Traducción de los derechos del hombre

 


En su biblioteca, Nariño, hombre de estudio y dueño de una vasta cultura, “leía en su idioma original a los enciclopedistas y a los padres de la Iglesia”; a Rousseau, Voltaire, Diderot, Montesquieu y, desde luego, se solazaba con la lectura de la Historia de la Revolución de 1789 y del establecimiento de una Constitución francesa, impresa en París en 1790. Obra que le había proporcionado el virrey Ezpeleta, concretamente el tomo tercero, que contiene los 17 artículos de los tan anhelados Derechos del Hombre y del Ciudadano.

En la defensa del 28 de julio de 1795, Nariño confiesa:

 

“Yo tenía una imprenta y mantenía a mi sueldo un impresor. Vino a mis manos un libro y vino de las manos menos sospechosas que se puede imaginar. Fuera de eso se me dio sin reserva. Encontré Los Derechos del Hombre que yo había leído, esparcidos acá y allá en infinitos libros y en los papeles públicos de la nación”.

 

Por demás está decir que dicha biblioteca se había constituido en el escenario propicio para el desarrollo de unas tertulias que Nariño, en asocio de su amigo el médico francés Luis de Rieux, masón por añadidura, había conformado con el nombre de Arcano sublime de la filantropía. Su palabra inicial, de manera exacta, escondía su finalidad: un lugar secreto, muy reservado y de suma importancia. En otras palabras, una sociedad secreta de aquéllas que habían surgido en la capital del Virreinato. Un lugar que aparentaba una sala de lectura, cuando en rigor era el sitio adonde acudían hombres ilustres, solidarios con el espíritu que agitaba su inspirador, prototipo de la revolución. “Allí Don José María Lozano, Marqués de San Jorge, el personaje de más viso y suposición de su tiempo; allí Don Luis Azuola y Don Francisco Antonio Zea, y Don Joaquín Camacho, y Don Francisco Tovar, y Don José Antonio, y Don Juan Esteban Ricaurte, y los Torres, Gutiérrez y Acevedos. ¡Todo el patriarcado del Virreinato!” A este patriarcado, con igual propósito, se sumaban otros tantos criollos que acudían a las llamadas sociedades secretas.

 

No queda duda alguna que al amparo de sus fieles amigos, los libros, y en la Imprenta Patriótica de su propiedad, en un acto de audacia y de plena convicción, llevó a cabo la traducción, impresión y distribución de un centenar de ejemplares de la mencionada Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Como efectivamente lo hizo.

 

La investigación no se hizo esperar. Surgen las consejas y las acusaciones. Se ordena el allanamiento de su biblioteca y la confiscación de sus bienes. La Real Audiencia inicia procesos contra Nariño; José Antonio Ricaurte, por haberlo defendido; Francisco Antonio Zea, tenido por cómplice, y Pedro Fermín de Vargas, su amigo íntimo y contertulio, por sus ideas ilustradas y su formación enciclopedista. Como si lo anterior fuera poco, en la plaza mayor de Santa Fe, por mano de verdugo, se hace la quema del libro de donde Nariño había hecho la traducción de la mencionada Declaración.

 

Entonces, más que nunca, los Derechos del Hombre fueron solicitados, buscados y leídos ansiosamente, siempre coadyuvando “el prestigio de lo desconocido y el vértigo de atracción de lo prohibido”. La misma persecución que por su publicidad había acarreado al grande hombre, los hacía cada vez más novedosos y atrayentes. Secreta, sigilosamente se devoraban en todas partes, y las sociedades clandestinas o juntas lugareñas que para el efecto se verificaban, tenían el aspecto de verdaderas conjuraciones, tanto por el tono con que se comentaban como por la pasión y el entusiasmo con que eran acatados.

 

La conspiración de los pasquines

 

En este punto, cabe señalar que el proceso seguido contra Nariño estuvo dividido en tres expedientes: uno, por conspiración; otro, por la impresión y publicación de Los Derechos del Hombre; y, el tercero, por pasquines sediciosos. No habiéndose hallado ejemplar alguno de la impresión hecha por Nariño, tomó cuerpo el aspecto relacionado con los pasquines, llamado por el historiador Eduardo Posada el proceso de los pasquines. También se conoce con los nombres de conspiración de los pasquines o guerra de los pasquines.

 

Tanto el virrey como los oidores del Nuevo Reino de Granada, en su informe al rey expresaban que la defensa de Nariño era más perniciosa que la misma publicación de Los Derechos del Hombre. Por lo tanto, para una mejor comprensión de este acontecimiento, conviene hacer la transcripción de algunos rasgos del referido informe:

 

“Exmo Sr.: habiendo salido de la ciudad de Santa Fe de Bogotá el 18 de agosto de 94, el virrey de aquel reino para un pueblo distante dos jornadas con el objeto de reparar su salud, ocurrió que en los días 19 y 20 del mismo amanecieron puestos en parajes públicos unos pasquines sediciosos.

 

“El regento dictó desde luego algunas providencias y avisó sin pérdida de tiempo al virrey, que con esta noticia inmediatamente regresó a la ciudad: en los mismos días se delató al regente la clandestina impresión de un papel sedicioso, y una sublevación mediata: todo lo remitió el virrey a la audiencia; y ésta determinó encargar a cada uno de los tres ministros, la formación de las causas sobre dichos tres puntos: al oidor don Joaquín Inclán se encargó de los pasquines, cuyo contenido era el siguiente:

 

“Si no quitan los Estancos

Si no cesa la Opresión,

Se perderá lo ganado.

Tendrá fin la usurpación”.

 

“Otro había del tenor siguiente: el apuntador de la compañía de cómicos de esta ciudad representa hoy la gran comedia El Eco: con el correspondiente sainete por octava vez: La Arracacha: y la respectiva tonadilla por novena ocasión El Engañabobos: se avisará si hay o no…

 

Nota: El gobernador de Cartagena de Indias con fecha 25 de febrero remitió al virrey de Santa Fe copia de dos pasquines que en la plaza de aquella ciudad amanecieron puestos en los días 20 y 22 del mismo por si acaso tenían alguna conexión con los fijados en la capital y añadió que por más diligencias que había practicado nada había podido adelantar en orden de la averiguación de los autores: los dos citados pasquines son del tenor siguiente:

 

“Lo que en el margen se advierte

A voces se pedirá:

La ocasión dará la suerte

Y podremos respirar:

Bien claro se nos ofrece

Este partido apurar

Rayos exhale el infierno,

Trastorne la facultad

Acábese este gobierno

De tanta incomodidad.

 

“Segundo:

“Principio quieren las cosas

Para conseguir las empresas

Que se quiten tres cabezas

Para acabar estas mofas.

“Aunque se unieron a la causa principal nada pudo averiguarse (…).

Septiembre 22 de 1796”.

 

Cabe agregar que dichos pasquines o libelos, no solamente se fijaron en los sitios más concurridos de la capital sino que también pudieron leerse en otras ciudades del Reino, tal como el mencionado de Cartagena y otro que apareció en la madrugada del 24 de febrero de 1797, en dos parajes de Santa Marta contra el Comisionado Ignacio Cavero; panfleto en lenguaje crudo que fue hallado por la ronda en la calle que va al correo:

 

“PASQUÍN DIRIGIDO AL Sr. COMISIONADO: CAGADO: IGNACIO CAVERO: PUÑETERO: DONDE LE AVISO: CARNISO: QUE ANDE CON CUIDADO: MONTADO.

 

“Si hasta aquí te has escapado

porque has andado modesto

te pido que te estés quieto

porque saldrás desterrado,

y si no pones cuidado

en proceder como debes

te irás a la mierda breve

junto con tu comisión

y quedarás bien andón

tú y don Chirilo de Nieve.

 

“Si porque estás protegido

piensas salir con tu intento

deja ese vil pensamiento

pues antes saldrás jodido

y si no andas advertido

en lo que tienes de hacerte

mira que presto has de verte

en amarga predicción

y conozca la razón

que has tenido de perderte.

 

“Solamente Lucifer

te pudiera haber metido

a que aquí hubieras venido

a acabarte de joder

y si no lo hechas de ver

y piensas que estás seguro

bien puedes poner el culo

en términos suplicantes

que no te lo pingan caliente

y que te lo tomen duro.

 

En fin cavero acabado

más feo que un caño arrecho

mira que andes derecho

en lo que tienes obrado

porque si has intentado

aclarar oscuridades

necias serán tus piedades

mientras prosigas así

porque al fin saldrás de aquí

con diez mil calamidades.

 

“Quiero a don Chirilo tanto

Que he mandado retratarlo

de judas para quemarlo

el mismo sábado santo”.

 

Estos pasquines o papeles sediciosos fueron las armas empleadas contra la tiranía, en vísperas de la memorable fecha del 20 de julio; y la traducción, impresión y divulgación de Los Derechos del Hombre, uno de los intereses decisivos que influyeron para el logro de la independencia. Cometido tan entrañablemente anhelado por quien padeció hasta lo indecible por la mejor suerte y conformación de su patria. Éste el reconocimiento integral y solidario que Nariño merece en este bicentenario, conmemoración que suscita reflexiones, rectificaciones y actuaciones en nuestro ordenamiento social.

 

No en vano, la palabra esclarecida del presidente Lleras Camargo, con motivo del bicentenario natalicio de Antonio Nariño, nos hizo esta manifestación: “Todavía la nación que soñó entre libros y en sus prisiones, sigue formándose. No es sorprendente que todavía no practique bien la gratitud para quien predijo su nacimiento y su curso histórico”.

 

Memorial de agravios, 1809 (Extracto)

 

Camilo Torres*

 

Camilo Torres y Tenorio (1766-1816) redactó este documento en 1809. Se trata de un valeroso llamado de igualdad que los españoles americanos o criollos le hacen a las autoridades españolas. Constituyó una contribución esencial al ambiente independentista de esos años. El título original del documento es: Representación del muy ilustre Cabildo de Santafé a la Suprema Junta Central de España.

 

“América y España, son dos partes integrantes y constituyentes de la monarquía española, y bajo de este principio, y el de sus mutuos y comunes intereses, jamás podrá haber un amor sincero y fraterno, sino sobre la reciprocidad e igualdad de derechos. Cualquiera que piense de otro modo, no ama a su patria, ni desea íntima y sinceramente su bien. Por lo mismo, excluir a las Américas de esta representación, sería, a más de hacerles la más alta injusticia, engendrar sus desconfianzas y sus celos, y enajenar para siempre sus ánimos de esta unión” […]

 

“Si el cabildo, pues, hace ver a V.M. la necesidad de que en materia de representación, así en la junta central, como en las cortes generales, no debe haber la menor diferencia entre América y España, ha cumplido con un deber sagrado que le impone la calidad de órgano del público, y al mismo tiempo, con la soberana voluntad de V.M. […]

 

“Establecer, pues, una diferencia, en esta parte, entre América y España, sería destruir el concepto de provincias independientes, y de partes esenciales y constituyentes de la monarquía, y sería suponer un principio de degradación.

 

“Las Américas, señor, no están compuestas de extranjeros a la nación española. Somos hijos, somos descendientes de los que han derramado su sangre por adquirir estos nuevos dominios a la corona de España; de los que han extendido sus límites, y le han dado en la balanza política de la Europa, una representación que por sí sola no podía tener. Los naturales conquistados, y sujetos hoy al dominio español, son muy pocos o son nada en comparación de los hijos de europeos, que hoy pueblan esta ricas posesiones.”[…]

 

“…Así que no hay que engañarnos en esta parte: Tan españoles somos, como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores, por esta razón, a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación, como los que salidos de las montañas, expelieron a los moros, y poblaron sucesivamente la Península; con esta diferencia, si hay alguna, que nuestros padres, como se ha dicho, por medio de indecibles trabajos y fatigas descubrieron, conquistaron y poblaron para España este Nuevo Mundo.”

[…]

“En este concepto hemos estado y estaremos siempre los americanos; y los mismos españoles no creerán que con haber trasplantado sus hijos a estos países, los han hecho de peor condición que sus padres. Desgraciados de ellos, si solo la mudanza accidental de domicilio, les hubiere de producir un patrimonio de ignominia.” […]

 

“En cuanto a la ilustración, la América no tiene la vanidad de creerse superior, ni aun igual a las provincias de España. Gracias a un gobierno despótico, enemigo de las luces, ella no podía esperar hacer rápidos progresos en los conocimientos humanos, cuando no se trataba de otra cosa que de poner trabas al entendimiento. La imprenta, el vehículo de las luces, y el conductor más seguro que las puede difundir, ha estado más  severamente prohibido en América, que en ninguna parte.

 

Nuestros estudios en filosofía, se han reducido a una jerga metafísica, por los autores más obscuros y más despreciables que se conocen. De aquí, nuestra vergonzosa ignorancia en las ricas preciosidades que nos rodean, y en su aplicación a los usos más comunes de la vida. No ha muchos años que ha visto este Reino, con asombro de la razón, suprimirse las cátedras de derecho natural y de gentes, porque su estudio creyó perjudicial. ¡Perjudicial el estudio de las primeras reglas de la moral que grabó Dios en el corazón del hombre! ¡Perjudicial el estudio que le enseña sus obligaciones, para con aquella primera causa como su autor de su ser, para consigo mismo, para con su patria, y para con sus semejantes! ¡Bárbara crueldad del despotismo, enemigo de Dios, y de los hombres, y que solo aspira a tener a estos, como manadas de siervos viles, destinados a satisfacer su orgullo, sus caprichos, su ambición, y sus pasiones!” […]

 

“Teméis el influjo de la América en el gobierno? Y ¿Por qué lo teméis? Si es un gobierno justo, equitativo y liberal, nuestras manos contribuirán a sostenerlo. El hombre no es enemigo de su felicidad. Si queréis inclinar la balanza a el otro lado, entended que diez a doce millones de almas con iguales derechos pesan otro tanto que el plato que vosotros formáis”

 

“No temáis que las Américas se os separen. Aman y desean vuestra unión; pero este es el único medio de conservarla. […]

 

“¡Igualdad! Santo derecho de la igualdad, justicia que estribas en esto, y en dar a cada uno lo que es suyo; inspira a la España Europea estos sentimientos de la España Americana: estrecha vínculos de esta unión: que ella sea eternamente duradera, y que nuestros hijos dándose recíprocamente las manos, de uno a otro continente, bendigan la época feliz que les trajo tanto bien. ¡Oh! Quiera el cielo oír los votos sinceros del cabildo, ¡que sus sentimientos no se interpreten  a mala parte! ¡Quiera el cielo que otros principios, y otras ideas menos liberales, no produzcan los funestos efectos de una separación eterna!

 

“Santafé. Veinte de Noviembre de mil ochocientos nueve!”

 

*Vicente Pérez Silva. Abogado, Universidad del Cauca. Escritor e investigador. Miembro de la Academia de Historia de Nariño

 

BIBLIOGRAFÍA

Acosta de Samper, Soledad. Biografía del general Antonio Nariño, Pasto, Imprenta Departamental, 1910.

Andrade González, Gerardo. Crónicas de la vida social colonial colombiana (obra inédita).

Miramón, Alberto. Nariño una conciencia criolla contra la tiranía, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, vol. XXI, 1960.

Pérez Sarmiento, José Manuel. Causa célebre a los precursores, tomo II, Bogotá, Imprenta Nacional, 1939.

Pérez Silva, Vicente. “Antonio Nariño: precursor de la libertad de pensamiento y de imprenta”, en Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, vol. VIII, No. 4, Bogotá, 1965.

Posada, Eduardo y Ibáñez, Pedro María (editores). El precursor, documentos sobre la vida pública y privada del general Antonio Nariño, Bogotá, 1903.

Santos Molano, Enrique. Antonio Nariño filósofo revolucionario, Bogotá, Edit. Planeta, 1999.

Nota: con ocasión del bicentenario de la traducción de Los Derechos del Hombre, Credencial Historia dedicó a esta conmemoración las ediciones 47 (noviembre 1993) y 48 (diciembre 1993).


Fuente: https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-241/los-derechos-del-hombre-sociedades-secretas-y-la-conspiracion-de-los-pasquines


Pasquines sediciosos en Santafé de Bogotá

 

“La pared y la muralla son el papel del canalla”. Esta frase, conocida por todos, bien pudo haber sido pronunciada por el virrey Ezpeleta y su corte cuando el 19 y el 20 de agosto de 1794 aparecieron fijados en algunos muros de la ciudad de Santafé unos “pasquines sediciosos”. Escritos en verso, y en un tono inocente,  los pasquines reclamaban menos impuestos y más igualdad:

 

En la tienda de don Vicente Prieto:

 

Si no quitan los estancos

Si no cesa la opresión

Se perderá lo ganado

Tendrá fin la usurpación

 

Posiblemente y, a pesar de que para ese entonces no se utilizaba el término graffiti, ya el uso de la pared como espacio de expresión y el anonimato como garantía de seguridad, empezaban a usarse para lanzar al público algunas reivindicaciones políticas.

  

Pasquines

 

Una vez se conocieron los pasquines, las autoridades del Virreinato de la Nueva Granada empezaron a mover cielo y tierra para apresar a los presuntos implicados. Las noticias llegaron a España y en el Archivo de Sevilla reposan intactos los expedientes.

 

Antonio Nariño, el médico Luis Rieux, Francisco Antonio Zea; el sobrino del Sabio Mutis: Sinforoso Mutis, y José Antonio Ricaurte fueron acusados de la publicación de estos pasquines, pues su aparición coincidió con la impresión de la traducción de los Derechos del Hombre. Aún no se sabe a ciencia cierta si ellos estuvieron implicados. Sin embargo, todos pagaron por la sospecha. El hecho de ser opositores al régimen colonial y, además, de participar de tertulias y discusiones salidas del discurso dominante los hacía poco confiables e indeseables.

 

Los pasquines sediciosos y los Derechos del Hombre hacían parte de un hecho político. No obstante en el caso de los pasquines, al igual que lo que ha sido el graffiti, el humor y la ironía provocaban cercanía con el pueblo y, por lo tanto, temor en las autoridades. ¡La pluma siempre será más fuerte que la espada!

Fuente: https://www.senalmemoria.co/articulos/pasquines-en-santafe-de-bogota

 

Los pasquines en el Perú (siglos XVIII y XIX)

Fragmento.




Resumen: después de mediados del siglo XVIII, el virreinato del Perú inició un conjunto de reformas administrativas, acorde a los requerimientos de la monarquía borbónica española. estas reformas afectaron a los diversos sectores sociales, principalmente criollos, mestizos e indios. ello trajo consigo un conjunto de protestas y rebeliones, muchas de las cuales se expresaron, entre otros, en los pasquines anónimos contra las autoridades españolas, a diferencia de los periódicos oficiales que se caracterizaron por no hacer conocer los malestares y las rebeliones sociales que se extendieron en el alto y Bajo Perú hasta los inicios del siglo XIX.

 

1.   Introducción

 

Los pasquines son medios de comunicación escritos de carácter anónimo. La mayor parte de estos surgió en el sur andino del Perú, manifestando su poder en la conciencia y en la práctica social contra las autoridades de turno del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Los pasquines del siglo XVIII fueron un medio de comunicación anónimo y breve, cuyos mensajes amenazantes y hasta infames estaban dirigidos contra alguna autoridad política o administrativa de turno. Se presentaron como escritos públicos con una rica y sugerente fuente de información social, política y cultural. Asimismo, conformaron un repertorio documental importante que traslucieron conflictos sociales, protestas y aspiraciones en escenarios locales o regionales. Los pasquines fueron escritos que expresaron los malestares sociales, mediante la opinión y la crítica, enfatizando su afán contestatario contra algo o alguien. Los pasquines tuvieron claros propósitos de protesta, sin dejar de ser persuasivos e incluso hasta subversivos.

 

El estudio del pasquín demanda optar por una estrategia para esclarecer la inmanencia textual, sin perder sus efectos sociales, en un horizonte comprensivo y explicativo cualitativamente para hallar los rasgos y características comunes. Esta estrategia metodológica obliga inductivamente asediar los hechos en conjuntos intertextuales, cuyas homologaciones y paralelismos permiten conocer los significados del “pasquín” en su entorno histórico, ayudando a revelar su existencia, necesidad y proyección en un ámbito contradictorio y conflictivo históricamente. Desde antes de mediados del siglo XVIII, las publicaciones impresas adquirieron reputación como fuente y testimonio de verdad histórica, contrastando con el masivo analfabetismo indígena y la cultura oral expresada en lenguas vernaculares (quechua y aymara), además de la comunicación informal escrita como ocurrió con los pasquines del Alto y Bajo Perú. Sin embargo, poco después de ese período, gran parte de los pasquines manifestaron comportamientos antirreformistas y antifiscales, antes que cualquier otra intención o práctica anticolonial. Sólo cumplieron la función de protesta y acusación crítica y hasta injuriosa contra las autoridades coloniales. En este ámbito sociopolítico, de múltiples tensiones sociales, los pasquines constituyeron una estrategia comunicativa al mostrar la protesta y hasta la sedición, dejando abierta una posible conciliación o arreglo a la mala gestión de las autoridades españolas. En este ambiente, el pasquín cumplió una significativa función comunicativa que se prolongó hasta inicios del siglo siguiente con mensajes radicales y ambiciosos.

 

La comunicación informal en el Perú tuvo múltiples expresiones escriturales. El “pasquín anónimo”, de violenta expresión lingüística, fue una de ellas en una coyuntura de crisis política y económica que afectó a los criollos y mestizos de los espacios urbanos y rurales del sur andino, donde la población carecía de imprentas y periódicos para testimoniar sus inquietudes, reclamos y protestas públicas contra los abusos de las autoridades españolas. Estos impresos circulaban principalmente en la capital del Virreinato del Perú, libres del control y de la censura previa por parte de la Inquisición y la Real Audiencia.

 

El pasquín ya estuvo presente en Europa del siglo XV, proliferando intensamente en la España del siglo XVIII y en sus colonias americanas, particularmente en el Perú a consecuencia de las reformas borbónicas. Las movilizaciones campesinas de Granada mostraron sus violentas protestas mediante el “pasquín anónimo”. Gonzáles Cruz (2009: 83) también refiere su presencia en Sevilla al mostrar un incisivo pasquín en forma de soneto, ridiculizando a Carlos de Austria, jefes militares y al ejército aliado.

 (...)

4. La expresión 

El pasquín del siglo XVIII estaba escrito en verso o en prosa, otros se acompañaban de imágenes gráficas o dibujos. No faltaron aquellos pasquines que iniciaban cada verso con letra mayúscula o capital. En algunas oraciones, estas grafías se constituían en acrósticos alusivos al apellido al iniciar cada verso y la escritura de trazos rígidos que se encubrían deliberadamente de la escritura original. En efecto, los pasquines traían un lenguaje breve y puntual para ser leído, aprehendido, copiado, memorizado y hasta repetido, facilitando la difusión y comprensión de su mensaje. Su lectura sólo era para unos pocos monolingües (castellano) o bilingües (castellano quechua o castellano aymara), pero la oralidad también permitía extender su mensaje en un ámbito social donde la población analfabeta tenía como lengua común el quechua o el aymara.

 

Los pasquines estaban escritos por criollos y mestizos que también dominaban las lenguas vernaculares o nativas. Después difundían su mensaje en el universo urbano y rural donde se evidenciaba la inconformidad social ante el mal manejo del Gobierno colonial. Los pasquines sirvieron, por entonces, como efectiva arma de comunicación para mostrar la queja y contribuir a la concretización de la opinión pública.

 (...)

5. El tono del pasquín

 

El pasquín expresaba los estados de ánimo saturados, cargados de ironía y ansiedad de sus autores anónimos. Generalmente su tono se presentó en dos modalidades: el pasquín “de tono crítico” y el de “tono mesurado”. Ambos tonos estuvieron presentes en el Alto y Bajo Perú, generando un gran impacto divulgativo.

 

a) El pasquín de tono crítico: casi siempre manifestó un tono enfático y directo. Fue significativa su presencia en el Alto y Bajo Perú (Charcas, La Paz, Puno, Cuzco, Arequipa, Moquegua y otros). Se abocó a la denuncia, infundiendo el miedo y el pánico social7 entre las autoridades españolas y sus familias.

 

El pasquín estuvo presente con un lenguaje acusatorio y sentencioso, cargado casi siempre de burla y sátira, denotando un tono agresivo, sentencioso y violento. Esta agresividad se hizo más incisiva y extensiva al tener diversas versiones y colocaciones en diversas partes de la ciudad de Arequipa, tal como ocurrió con otro pasquín amenazante contra Sematnat y Juan Bautista Pando (jefe de Aduanas), quien había viajado desde Lima con un grupo de funcionarios para cobrar los impuestos.

 

Los problemas políticos, económicos y sociales se agravaron conforme transcurrían las últimas décadas del siglo XVIII. Los pasquines ya no sólo denunciaban a las autoridades por los impuestos fiscales y otros, sino que también manifestaban su afán de cambio social y algunas medidas para lograr su concretización.

 

b) El pasquín de tono mesurado: raras veces el pasquín mostró mesura o pasividad en su mensaje. Si bien pudo atemperar su estilo, nunca dejó de lanzar quejas, amenazas y advertencias a las autoridades de turno. Siempre identificaba a su atacante con nombre propio, caricaturizando a sus opositores hasta el ridículo, sea por los defectos físicos, morales e intelectuales que estos poseyeran.

 

6. Composición formal del pasquín

 

Su estructura no fue homogénea: se presentó en verso o en prosa, acompañado con imágenes que se imponían en el texto escrito.

 

a) Pasquines en prosa: en el siglo XVIII e inicios del siglo XIX existieron pasquines escritos en prosa, pero fueron menos frecuentes que los compuestos en verso.

 

b) Pasquines en verso: recogieron las protestas sociales del Alto y Bajo Perú, conservando su estructura formal. Si bien no tuvieron intención estética, asimilaron algunos recursos literarios como esta pieza reseñada por Galdós Rodríguez (1967: 66): “Quintos, repartos y aduanas sólo queremos quitar más los reales alcabalas”.

 

c) Pasquines con imágenes: aparecieron otros pasquines escritos que adjuntaban imágenes llamativas y sencillas, aunque impactantes comunicativamente y dirigidos a la conciencia social. Los pasquines como forma de comunicación escrita (sea en prosa o verso) mantuvieron una denuncia crítica y sistemática contra las autoridades y el régimen colonial en general. No hay duda que contribuyeron a establecer un escenario de concientización social que desencadenaría posteriormente la Independencia del Perú.

(...)

Fuente: https://www.correspondenciasyanalisis.com/pdf/v2/pe/1_pasquines.pdf


O Pasquim (1969-1991)

 

O Pasquim era un semanario fundado en Río de Janeiro en 1969. Inicialmente imaginado por el caricaturista Jaguar como el boletín de barrio de Ipanema, pronto se convirtió en un fenómeno nacional. Famoso por su papel como el tabloide de oposición al régimen militar de mayor éxito en Brasil, O Pasquim utilizó el humor para criticar la coerción política y la violación sistemática de los derechos humanos por parte de la dictadura brasileña. Financiado por Murilo Reis, O Pasquim comenzó con la distribución de 10.000 ejemplares, pero su tirada alcanzó más de 200.000 ejemplares a principios de los años 1970.

 

El periódico reunió a una nueva generación de artistas muy críticos con la situación política de Brasil, entre ellos Millôr Fernandes, Ziraldo, Jaguar, Martha Alencar, Sérgio Noronha, Moacir Scliar, Newton Carlos, Chico Buarque, Caetano Veloso, Ferreira Gullar, Glauber Rocha e Cacá Diegues. Su estilo coloquial transformó profundamente el lenguaje del periodismo brasileño. La publicidad ocupó el 25% de las páginas del periódico, que fue comprado principalmente por los hijos e hijas de la clase media brasileña. Muchos de sus informes y caricaturas políticas más interesantes fueron censurados por la dictadura militar, cuya policía invadió la sede del Pasquim en noviembre de 1970 y arrestó a casi todos sus periodistas. El periódico se convirtió entonces en un símbolo de resistencia de la sociedad civil ante el autoritarismo del Estado. Aunque O Pasquim cerró sus operaciones en 1991, todavía es considerado el periódico alternativo de mayor longevidad en Brasil.

Fuente: https://library.brown.edu/create/brasiliana/pasquim-2/


La Mala Hora y los pasquines

"Aquella tarde, el padre Ángel observó que también en la casa de los pobres se hablaba de los pasquines, pero de un modo diferente y hasta con una saludable alegría". - La Mala Hora (Gabriel García Márquez).

 


Insisto en el carácter casi profético de la obra de García Márquez. Espero que quien lea La Mala Hora no se deje afligir por un vaticinio pesimista.

“El padre Ángel se incorporó con un esfuerzo solemne. Se frotó los párpados con los huesos de las manos, apartó el mosquitero de punto y permaneció sentado en la estera pelada, pensativo un instante, el tiempo indispensable para darse cuenta de que estaba vivo, y para recordar la fecha y su correspondencia en el santoral. “Martes cuatro de octubre”, pensó; y dijo en voz baja: “San Francisco de Asís””. Con estas palabras comienza LA MALA HORA, de García Márquez; y con ellas inicié yo el día martes cuatro de octubre de 2016. La extraña coincidencia me estremeció y me impidió soltar el libro hasta cuando lo terminé, el día en que el presidente Santos ganó el nobel. Creo que lo que cuenta la novela no nos debería ser indiferente.

 

Es tiempo de paz en el pueblo y las instituciones políticas y judiciales despiertan de un letargo de décadas. La única institución que se ha mantenido activa ha sido la Iglesia. El padre Ángel, adalid de la moral, ha luchado incansable contra la pérdida de los valores y las buenas costumbres. Por su incansable trabajo, el pueblo es ahora, aunque pobre, honesto. Ya no hay sino pocos concubinatos, la iglesia está a reventar cada domingo y las películas de cine son catalogadas desde “buenas para todos” hasta “malas”, según su grado de inmoralidad. Todo está en orden: las luchas políticas han cesado, ya no hay guerrillas en el monte, las familias se conservan intactas. Entonces llegan los pasquines.

 

Pocos mecanismos literarios me interesan tanto como los pasquines. Escritos anónimos que se fijan en lugares públicos, de carácter satírico y contenido político o personal, los pasquines son amenazadores del orden y desestabilizadores del poder. Volvieron loco, por ejemplo, al pobre Supremo, el dictador perpetuo en la monumental novela de Roa Bastos. En el pueblo de La mala hora, después de años de conflicto entre los partidos políticos disputándose el poder y la guerra de guerrillas colándose por todas partes, unos papelitos burlones pegados en las puertas de la gente decente, logran desarticular la aparente paz del pueblo.

 

Gracias a la alarma que despierta los pasquines y su “terrorismo en el orden moral”, el alcalde vuelve a la alcaldía, el juez al juzgado y las familias a recluirse en su casa a las ocho de la noche tras el toque de queda. La pasquinada acaba con la ilusión de sosiego, levantándose como una voz de protesta ante la farsa de la moral, el orden y la paz. A causa de los pasquines una pareja de hombres armados en cada esquina vela, otra vez, “en favor de la paz social”.

 

No tengo una moraleja sobre la historia, simplemente el asombro que despierta leer un libro sobre la paz, el poder, la moral y la comunicación anónima e insidiosa, en estos tiempos de crisis social. Ya otros lo han dicho, pero insisto en el carácter casi profético de la obra de García Márquez. Solo espero que quien lea La mala hora no se deje afligir por un vaticinio pesimista, sino que sepa leer en las palabras del primer nobel rasgos de una Colombia que no podemos (volver a) tener.

 Marcela Junguito Camacho

Rectora del Gimnasio Femenino

Fuente: https://www.portafolio.co/opinion/marcela-junguito-camacho/la-mala-hora-columnista-portafolio-501155 - Octubre 20 de 2016


EL PASQUÍN: EL DESCOSER DEL TEJIDO SOCIAL DE UN PUEBLO SIN UNA RED DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN, CALAMAR - BOLÍVAR 

TESIS DE GRADO DE LUIS CARLOS CAMPO GÓMEZ, JULIS CARMONA HENRIQUEZ, ANA MARÍA CUESTA Y RODRÍGUEZ JASSIR ELJACH NORIEGA para optar al título de Comunicadores Sociales con énfasis en Periodismo y Cultura - Universidad de Cartagena - Bolívar. 2010

(Fragmento)


En Colombia, el pasquín se caracterizó por la lírica y respeto por la gramática y ortografía, cuyo contexto estuvo en los tiempos de la república y la independencia. Sobre su uso social, Daniel Samper Pizano los llama el Twitter de la Nueva Granada, puesto que denunciaron la opresión española. Muchos de éstos circulaban de mano en mano y otros amanecían pegados en los muros principales de la ciudad. Los pasquines ya habían surgido durante la revolución comunera, por ejemplo esta perla: El 18 de agosto de 1794, cuando el virrey José Manuel Ezpeleta salió a descansar a Guaduas con su familia, los santafereños encontraron el siguiente pasquín en verso: “Si no quitan los estancos, si no cesa la opresión, se perderá lo ganado, tendrá fin la usurpación”.

 

En este mismo contexto, la periodista Natalia Silva Prada en su artículo Los pasquines en el Nuevo Reino de Granada, pone en limpio, para quienes consideran que los pasquines son actos populares y de mal gusto, que en cuanto a sus autores predominan miembros del clero y personas vinculadas a los tribunales, es decir, gente letrada y partícipes directos de la “alta cultura”. No se trata entonces de productos de alguna “cultura popular”. El anonimato de los pasquines encubría la personalidad de gente de honor que defendían sus intereses de grupo frente a determinados agravios.

 

Casi doscientos años después, Gabriel García Márquez relata fielmente la proliferación de los pasquines en los pueblos del Caribe colombiano en los años cuarenta y cincuenta, que contaban, por cierto, cosas que todo el mundo sabía. El relato de los pasquines que ponen en movimiento las acciones y agitan la vida emocional del pueblo según el Padre Ángel, se ha convertido en un caso de “terrorismo en el orden moral”.

 

Finalmente en Calamar – Bolívar, encontramos que la memoria oral del municipio ubica la incursión del pasquín en el período histórico de La Hegemonía Conservadora, en donde a través de este medio se hizo visible la lucha difamatoria bipartidista que se vivió en esta población. Sin embargo, sobre su utilización actual, se dice que a partir de la administración municipal (2008) empezaron a circular pasquines que en vez de criticar la labor de los funcionarios públicos, han venido a lesionar la vida del municipio.

Fuente: https://repositorio.unicartagena.edu.co/bitstream/handle/11227/1023/El%20paquin%2C%20el%20descoser%20del%20tejido%20social%20de%20un%20pueblo%20sin%20una%20red%20de%20medios%20de%20comunicacion.pdf?sequence=1&isAllowed=y#:~:text=El%20Asunto%20de%20los%20Pasquines,Francia%20como%20Tours%20y%20Orleans.


Pasquines, cartas y enemigos: Cultura del lenguaje infamante en Nueva Granada y otros reinos americanos, siglos XVI y XVII

Silva Prada, Natalia

Editorial Universidad del Rosario, 30/05/2021 - 283 páginas

 

El objetivo de esta obra es sistematizar los significados de las voces y gestos que mediaron los conflictos ocurridos en Hispanoamérica en los siglos XVI y XVII. Aunque aparentan ser resultado de momentos caóticos, expresan en conjunto, el valor dado en aquella época al privilegio, al honor y al prestigio. El estudio de los lenguajes verbales, simbólicos y de representación, pretende comprender mejor a la sociedad en la que se originaron las diversas formas del insulto, así como las estrategias de que la gente se valía para su manifestación y publicación. La aproximación al problema desde la historia cultural permite a la autora hacer visibles las diversas aristas del poder, la ambición, la sexualidad y las expectativas sociopolíticas de los vasallos americanos de la monarquía española: funcionarios, eclesiásticos y gente común. En los nueve capítulos del libro se exploran las formas que podía asumir el lenguaje de la pasión presente en cartas, grafiti, libelos infamatorios, objetos infamantes y muertes atroces.

El cuarto capítulo "La escritura subversiva", se ocupa del graffiti y de los pasquines. Después de definir las características de las injurias escritas o dibujadas en las paredes y de señalar su antigüedad, los trata como prácticas sociales y actos políticos, como escrituras reivindicativas. El graffiti que viene desde tiempos mesoamericanos. Estaba en los muros, situado a la altura de los ojos y de las manos; el pasquín se encontraba también a la vista del público, expuesto en lugares públicos o privados, ambas son escrituras expuestas, marginales y subversivas, porque atentaban contra las normas sociales y contenían palabras pronunciadas, como lo señala la autora, "desde el otro lado del espejo". Resulta interesante aprender quiénes eran los autores de los pasquines: conquistadores, encomenderos, factores, arzobispos, inquisidores, clérigos, oficiales reales, escribanos y eclesiásticos. También se ocupa del estudio de los pasquines anti fiscales, escritos por la ira que desataba el cobro de la alcabala en varios territorios (Lima, Tunja, Cuzco, La Paz, México), lo que siempre fue tema de conflicto en diferentes intensidades y lo que pone en evidencia las complejas manifestaciones de la cultura política del antiguo Régimen.

Reseña de Adriana María Alzate Echeverri

Reseña de Hector Cuevas Arenas


El asunto de los pasquines en Francia (siglo XVI)

 

El asunto de los pasquines (l' affaire des placards) fue un acontecimiento que se produjo en Francia la noche del 17 al 18 de octubre de 1534 ​y que precipitó los acontecimientos que terminaron en las Guerras de Religión.2 ​El asunto supuso el fin de las políticas de conciliación de Francisco I, que anteriormente habían intentado proteger a los protestantes de las más extremas medidas del Parlamento de París, y generó también los ruegos públicos de Felipe Melanchthon invitando a la moderación.3​4​5

 

Los placards fueron unos escritos que se pegaron por las calles de París y de otras ciudades de Francia como Tours y Orleans dicha noche. Estos pasquines fueron fijados incluso en la puerta del dormitorio del rey Francisco I de Francia en el palacio de Amboise. Los pasquines estaban titulados "Artículos verdaderos acerca de los horribles, grandes e insoportables abusos de la misa papal, inventada directamente contra la Sante Cena de nuestro Señor, único mediador y único Salvador Jesucristo". Los escritos sostenían la posición de Ulrico Zuinglio, quien defendía que la presencia de Cristo en la Eucaristía es simbólica. Como el evocador título sugiere, atacaron la doctrina de la transubstanciación.6

 

Su autor era Antoine Marcourt, pastor de origen picardo de Neuchâtel, y fueron impresos por Pierre de Vingle.78

 

Como respuesta, Francisco I hizo profesión de fe católica e inició la represión de los protestantes, obligándolos a exiliarse y desencadenando una época turbulenta que no cesaría hasta la promulgación del Edicto de Nantes por parte del rey Enrique IV de Francia en 1598.8


Referencias:

 

1.    Bennassar, B.; Jacquart, J.; Blayau, N.; Denis, M.; Lebrun, F. (11 de mayo de 2005). Historia moderna. Ediciones AKAL. ISBN 9788476009901. Consultado el 5 de julio de 2017.

2.    «Iglesia Evangélica Pueblo Nuevo»www.iglesiapueblonuevo.es. Consultado el 5 de julio de 2017.

3.    Rodríguez, José Cantón (13 de febrero de 2009). La Religión ante la Tercera República Española Tomo I. Editorial Club Universitario. ISBN 9788484547006. Consultado el 5 de julio de 2017.

4.    50Minutos.es (24 de marzo de 2017). La Reforma protestante: La respuesta a los abusos del catolicismo. 50Minutos.es. ISBN 9782806277558. Consultado el 5 de julio de 2017.

5.    Ignaciana, Grupo de Espiritualidad (2007). Diccionario de espiritualidad ignaciana. Editorial SAL TERRAE. ISBN 9788429317091. Consultado el 5 de julio de 2017.

6.    Cottret, Bernard (2002). Calvino: la fuerza y la fragilidad : biografía. Editorial Complutense. ISBN 9788474916713. Consultado el 5 de julio de 2017.

7.    Febvre, Lucien; Martin, Henri-Jean (2005). La aparición del libro. Libraria. ISBN 9789685374095. Consultado el 5 de julio de 2017.

8.   ↑ Saltar a:a b 50Minutos.es (29 de septiembre de 2016). Juan Calvino: La Reforma Protestante. 50Minutos.es. ISBN 9782806278463. Consultado el 5 de julio de 2017.

 Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Asunto_de_los_pasquines