Prólogo de JUAN MIGUEL BATALLOSO NAVAS* al libro de CLOVIS DE AZEVEDO "ESCUELA CIUDADANA – RETOS DIÁLOGOS Y TRAVESÍAS”
Estamos tan
acostumbrados a leer el mundo en términos mercantiles que sin darnos
cuenta nos hemos sumergido en una especie de confusión colectiva incapaz de
distinguir entre burocracia y democracia o entre escolarización y
educación. De alguna manera «nos han vendido la moto» parafraseando a
Chomsky y Ramonet, que nuestras necesidades humanas pueden ser sobradamente
satisfechas con ofertas de consumo y alternativas de ocio que dulcifican una rutinaria
y adocenada vida social a la que necesariamente debemos someternos y de la que
no hay escapatoria posible, porque al fin y al cabo, el poder político no
es más que el resultado del poder económico y del poder mediático. Por tanto,
si esta es la realidad y la función social de las instituciones educativas
consiste en adaptar dinámica o estáticamente a los individuos a la sociedad,
privándolos de su protagonismo como personas y como sujetos históricos, no hay
duda de que el éxito de los aparatos escolares es redondo, sobre todo
haciéndonos creer que nuestra libertad no es más que nuestra mayor o menor
capacidad de elegir mercancías en los hipermercados.
Sí para calmar nuestra sed, como diría el viejo Illich, necesitamos con urgencia de ingentes cantidades de Coca-Cola, olvidando que el agua fresca y cristalina está a alcance de cualquiera de nosotros, o si para aprender democracia creemos que es suficiente con crear una nueva materia en el curriculum o con celebrar periódicamente liturgias electorales carentes de sentido y de significación en nuestras vidas cotidianas, la situación entonces se nos presenta cada vez más dificultosa para el ejercicio de la libertad y del pensamiento crítico, pero al mismo tiempo más adormecedora y autocomplaciente, porque burocráticamente estamos cumpliendo con lo que los mandarines de las administraciones educativas nos ofrecen. De este modo, la democracia como proceso de gestión, control y participación ciudadana, o la educación como proyecto sociopolítico y cultural de desarrollo personal y emancipación social, quedan reducidas a mecanismos administrativos y burocráticos en los que técnicos especializados supuestamente neutrales, son los encargados de engrasar la maquinaria institucional para que los mecanismos de reproducción de las relaciones de poder sigan asegurando la permanencia de las castas económicas y políticas. En esta parte del mundo hemos llegado a tal punto de acomodación y conformidad institucional que ya nos resulta prácticamente imposible concebir otros fines, formas y contenidos de la educación que no sean los que curricular y organizativamente se concretan en los aparatos escolares de la era industrial, olvidando que la escuela, tal y como la conocemos hoy, fue y sigue siendo en líneas generales, la expresión de los intereses de una clase social o de una casta sacerdotal que utiliza y manipula las instituciones para reproducir una situación social de privilegio o de dominación.
Sin embargo la
historia y la experiencia de lucha social por la conquista de los derechos humanos
y de ciudadanía nos ha mostrado, que la Escuela, ese aparato ideológico de la civilización
industrial, no solamente reproduce la condiciones sociales que justificaron su existencia,
sino que al mismo tiempo también produce las condiciones subjetivas y objetivas
que hacen posible los cambios sociales, los cambios personales y la
indisolubilidad de ambos. Por tanto aquel viejo discurso objetivista y
desesperanzado de que la función exclusiva de la Escuela era la de
reproducir y legitimar las condiciones sociales que hacen posible la
dominación de unos seres humanos sobre otros, aunque sigue siendo útil para
recordarnos los peligros de una institución vetusta y anclada en el pasado, ya
no resulta suficiente para analizar la situación actual marcada por los cambios
de la globalización y de la naciente sociedad del conocimiento y mucho menos
para alumbrar y orientar nuevas acciones y reflexiones más explicativas y
capaces para construir en nuestra vida cotidiana, en nuestra realidad más
cercana, un contexto y un mundo más justo, más democrático y más
humano.
Afortunadamente y
cuando comprobamos que personas como nosotros son capaces de vislumbrar y
concretar nuevas alternativas educativas más coherentes con los fines de
desarrollo personal y social que se anuncian, así como más comprometidas con la estimulación y la promoción
de valores genuinamente humanos, un soplo de aire fresco nos despierta de
este sopor de pasividad y rutina de las instituciones escolares de la era
industrial de esta parte del globo. Y este es el caso del libro de José Clovis
de Azevedo, que más que un libro de educación en el sentido clásico y
curricular del término, es en realidad un libro de historia social, un libro de
vida comunitaria y comprometida con un proyecto colectivo que aspira a
concretar la educación en términos de responsabilidad social y de coherencia
personal, porque en definitiva la educación, por mucho que
los aparatos burocráticos y expendedores de credenciales pretendan
ignorarlo, es en realidad un proceso-proyecto que es al mismo tiempo
político y pedagógico.
Los que hemos tenido
la suerte de conocer personalmente al maestro José Clovis de Azevedo y emocionarnos
con su hablar silencioso y pausado, un hablar que nos
recuerda esas viejas melodías poéticas de Vinicius de Moraes en las que
tristeza, alegría y esperanza forman una mezcla compleja capaz de hacernos
volar hacia indescriptibles espacios de encuentro llenos de amor y de ternura,
hemos comprendido bien que el sueño de un mundo nuevo no solamente es necesario
y posible, sino que es sobre todo un proceso de encuentro, de convivencia,
de participación ciudadana y de amor en suma, de todo
lo cual se da cuenta en este magnífico libro de educación
política y de política educativa.
José Clovis, desde la
serenidad que da la convicción de que el camino es la meta y desde la humildad
de quien aprende de los humildes, además de una persona sencilla dispuesta al diálogo
y a la amistad, es sobre todo un práctico reflexivo que opera y se compromete
con una realidad social insatisfactoria haciendo de la educación no sólo sea un
instrumento para transformar esa realidad, sino singularmente un fin en sí
mismo porque para él, todo acto educativo es implícitamente un acto político y
todo acto político es igualmente un acto
educativo porque al intervenir sobre la realidad quedamos también intervenidos por los procesos de interacción
social y de producción colectiva del conocimiento. Estamos pues ante un libro
de educación de un hombre humilde y amistoso que con su discurso no solamente
explica lo que sabe, sino que muestra con su testimonio vital la importancia de
valores como la serenidad, la sencillez o la paciencia. Pero además estamos también
ante una obra de un intelectual y de un educador político, que ha sido Rector
de la Universidad del estado brasileño de Río Grande do Sul y Secretario
Municipal de Educación dela capital de Porto Alegre, ciudad que ha hecho
posible políticas democráticas y de participación ciudadana sin precedentes
en ningún lugar del mundo, y de las que han sido una buena muestra los
conocidos « Presupuestos Participativos» o la puesta en marcha del
«Foro Social Mundial» y del «Foro Mundial de Educación», programas
y acciones en los que José Clovis ha estado comprometido y vinculado
de una forma especialmente significativa.
Se trata por tanto
de una obra con la que podemos aprender el significado de esa paciencia constantemente
impaciente por construir el sueño de lo inédito viable del que nos habla
Freire, una tarea que se funda en la denuncia de que la función de la escuela
democrática y de las educadoras y educadores democráticos no puede ni debe en
ningún caso consistir en la expedición de credenciales y en la selección de los
más capaces para sobrevivir en un sistema competitivo e individualista anclado
en el pasado. Pero también en el anuncio de que las escuelas pueden y
deben transformarse en auténticas escuelas de ciudadanía en las que hombres y
mujeres sin ningún tipo de discriminación, pueden asumir el indelegable
protagonismo personal que les corresponde como sujetos de su propio desarrollo
individual y social.
Es sabido, que por
muchas ventajas que intentemos analizar, la globalización no es más que la
imposición a escala planetaria y personal de un modelo económico y social
excluyente e insostenible, en el que la primacía de la mano invisible del
mercado es la encargada de regular nuestra vida como seres humanos en todos sus
aspectos. Y en este punto la educación no es más que un elemento más del
gigantesco proceso de privatización y mercantilización del planeta, un hecho
que José Clovis analiza ofreciéndonos el concepto de «Mercoescuela» o la
escuela cuya función y organización se basa exclusivamente en las lógicas
empresariales y en las necesidades del mercado. En ella la educación no es más
que una mercancía más sujeta a las invisibles leyes de la oferta y la demanda y
su función social básica consiste en propiciar la adaptación e integración de
las nuevas generaciones a las dadas como incuestionables necesidades del mercado,
perdiendo así la educación cualquier otra función de carácter democrático,
cultural, de desarrollo personal o de cambio social.
Aunque los efectos de
la globalización económica son bien diferentes en los países latinoamericanos
que en los países de la Unión Europea y nuestras tradiciones escolarizadoras han
permitido democratizar el acceso a la Escuela Pública financiada por el Estado,
la denominada por José Clovis como «Mercoescuela» no es solamente
aquella que convierte en mercancía lo que es un derecho humano, sino también la
que privatiza y mercantiliza los procesos educativos reduciéndolos a
valores de competitividad, individualismo y selección primando el éxito
personal sobre el bienestar colectivo y reduciendo el conocimiento a una
mercancía que puede ser homologada e intercambiada en el mercado de las
acreditaciones.
Frente a esta concepción que considera la educación como una mercancía más, la obra de José Clovis, no solamente nos interpela en nuestra función de agentes transmisores de valores, sino que nos enseña que el proceso democratizador de la escuela no es un asunto que pueda curricularizarse o transversalizarse como por aquí nos gusta decir, sino que por el contrario debe constituirse en la columna vertebral de todo el edificio educativo, ya que la educación como factor de bienestar social y de desarrollo personal únicamente puede entenderse como un proyecto político y pedagógico, que al ser procesual es también vital y permanente, porque la vida al fin y al cabo, es ese milagro continuo de transformación que fluye y se reconstruye en la búsqueda y materialización de una nueva vida en el presente. Pero también porque la democratización de la educación no es una cuestión de formalidades y de rituales, sino un proceso de conquista cotidiana.
Las propuestas
educativas democratizadoras que José Clovis de Azevedo nos plantea parten
de una diferencia básica en la apreciación del valor de la participación,
distinguiendo entre lo que él denomina como participación otorgada y
participación conquistada, de forma que mientras la primera exige de las
personas una actitud pasiva delegadora del poder de decisión personal,
la segunda requiere de la fuerza
de la creatividad y del esfuerzo por descubrir
nuevas posibilidades para el ejercicio de derechos que tradicional o consuetudinariamente nos han sido
negados Para José Clovis la participación otorgada es la que alimenta los
procesos de burocratización que dificultan las posibilidades de cambio
social y el ejercicio del protagonismo de las personas como
sujetos constructores de su propia historia, estableciendo así los límites dela
democracia en las formalidades administrativas y en los mecanismos de
representación. Por el contrario la participación conquistada es la que
funda una nueva concepción de democracia que es inseparable del ejercicio
cotidiano del diálogo, de la participación, del poder de
decisión personal apuntando a la horizontalidad de las relaciones y a la eliminación de las relaciones
autoritarias y jerárquicas y esta nueva concepción es la que alimenta y
sostiene todo el edificio de la « Escuela Ciudadana» como
alternativa a la «Mercoescuela».
Pero además de
ofrecernos estas sugestivas propuestas generales, lo más importante de este
libro son las medidas concretas que el propio autor ha impulsado y puesto en
marcha a lo largo de ocho años en el ejercicio de su responsabilidad como
Secretario Municipal de Porto Alegre y así detalladamente nos explica tanto la
creación de escuelas ciudadanas, como el desarrollo de estrategias
de solución a nuevos problemas educativos. Partiendo y basándose en la
discusión colectiva y el debate público en torno a la temática sobre « La escuela que tenemos y la escuela que queremos»,
los ciudadanos de Porto Alegre animados y coordinados por José Clovis de
Azevedo, realizaron un profundo diagnóstico de la situación en que se
encontraban las escuelas de la Red Municipal, diagnóstico que concretaron
en un amplio abanico de propuestas de cambio y mejora que afectaron desde la
propia organización de la escuela hasta el desarrollo del curriculum y que
terminaron por aprobar democráticamente en el denominado «Congreso Escolar
Constituyente», Congreso que estableció los principios, contenidos y
acciones de la Escuela Ciudadana en Porto Alegre.
Formulaciones y
acciones concretas como «evaluación liberadora», « sanción por
reciprocidad», «Congreso Escolar Constituyente», «democratización
del conocimiento», «Consejos Escolares» basados en asambleas de
sector, «pacto de convivencia» o «Estatuto del Niño y del Adolescente»
colocan a las escuelas de Porto Alegre en un nuevo espacio socieducativo
vinculado e integrado en un proyecto social de transformación y de desarrollo comunitario
y en el que se hace visible un nuevo modelo de escuela concretado en un nuevo
tipo de enseñanza democrática. En consecuencia la obra que el doctor y educador
José Clovis de Azevedo nos presenta desde la visión que aporta la experiencia
de un compromiso social y político profunda y radicalmente democrático, abre y
ensancha las posibilidades de la educación rompiendo los límites que la vieja
sociedad industrial y mercantil impone a la Escuela, desarrollando acciones concretas
en las que el protagonismo real es ejercido por los ciudadanos y no por la mano
invisible del mercado. De todo lo cual es prueba la experiencia educativa
realizada en Porto Alegre gracias a la voluntad política del colectivo
representado por el Partido de los Trabajadores y al esfuerzo de millares
de personas que como José Clovis creen que la Escuela debe constituirse en un
espacio para aprender y enseñar en comunión el ejercicio de los derechos
democráticos y ciudadanos inserto en un proyecto social que nos permita hacer
visible en lo cotidiano el sueño de un mundo más justo, más libre y más
fraterno. Estamos convencidos de que esta obra nos permitirá ampliar los
horizontes de esa esperanza ontológica de la que nos habla Freire, que unida a
la alegría de la acción y a la fecundidad y la energía amorosa del encuentro
humano en la construcción de un proyecto común, nos ayudará a dar sentido
a nuestra práctica profesional y a nuestra propia vida.
* Maestro
de Enseñanza Primaria. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación.
Orientador escolar y formador de profesores. Colaborador de la revista DIÁLOGOS.
Miembro del Instituto Paulo Freire de España y específicamente de la secretaria
técnica del mismo. Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de
Sevilla (Andalucía-ESPAÑA). E-mail: jumibana@hotmail.com


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